El cuarto de los peces.
lunes, marzo 16, 2009
Por si alguien todavía entrara aquí, de casualidad, les dejo el vínculo al que ahora es mi blog: teletextogeffuskh.
miércoles, enero 31, 2007
viernes, agosto 25, 2006
Ya no puedo con esto...
Hace unos meses abrí un pequeño negocio, en sociedad con un amigo. Lo comento ahora, porque no recuerdo si antes lo había hecho. Me endeude por todos lados buscando una vida mejor. Pues bueno, hoy una panda de hijos de puta me han robado todo. Todo. Mercadería, dinero, mi computadora portátil y hasta mi cafetera y su café. No me han dejado nada. No tengo siquiera dinero para comer mañana, ni para ir a trabajar.
Hoy, sin nada en las bolsas; sin como sacar ese puto negocio adelante; con solo mi persona, que por lo demás siempre ha demostrado no servir para una mierda; renuncio a intentar nada más con mi vida.
Estoy cansado de tratar de construir cualquier cosa para que venga a desmadrarme todo algo externo. Estoy harto de un mundo donde progresar depende de que tanto puedes joder a los demás. Siempre hay rocas que caen del farallón para impedirte escalarlo. Y miro a mi alrededor y solo veo caras grises, con sueños grises, que un día se cansaron de intentar obtenerlos, que un día se resignaron a nunca alcanzar nada. Siempre que creo haber dado algún paso, veo a lo lejos esa vieja señal que me dice, por enésima vez, que voy en círculos. Que realmente nunca avancé, y que no existe otra ruta.
No puedo mucho más. Estoy harto de todo.
Hoy, sin nada en las bolsas; sin como sacar ese puto negocio adelante; con solo mi persona, que por lo demás siempre ha demostrado no servir para una mierda; renuncio a intentar nada más con mi vida.
Estoy cansado de tratar de construir cualquier cosa para que venga a desmadrarme todo algo externo. Estoy harto de un mundo donde progresar depende de que tanto puedes joder a los demás. Siempre hay rocas que caen del farallón para impedirte escalarlo. Y miro a mi alrededor y solo veo caras grises, con sueños grises, que un día se cansaron de intentar obtenerlos, que un día se resignaron a nunca alcanzar nada. Siempre que creo haber dado algún paso, veo a lo lejos esa vieja señal que me dice, por enésima vez, que voy en círculos. Que realmente nunca avancé, y que no existe otra ruta.
No puedo mucho más. Estoy harto de todo.
jueves, agosto 24, 2006
La ventana del adiós (3 de 4).
Nadie. Peor aún, Verdad cayó en cuenta de que la puerta del consultorio de Justicia -donde nuestro licenciado se encontraba-, estaba cerrada por dentro.
-¡¿Cómo es eso posible?! -exclamó. Y volvió a echar un vistazo al consultorio, detenidamente, cómo si el doctor estuviera escondido, o se le hubiera perdido del panorama cómo quien pierde de vista un vaso o las llaves. Inclusive se sorprendió pensando en las formas en que un hombre en silla de ruedas pudiera esconderse, digamos, tras un perchero o tras un reloj de pared. Luego desecho la idea, "la gente siempre está muy pendiente del tiempo, un reloj no es un gran lugar en el que esconderse y pretender no llamar la atención", se dijo, "yo sin duda cuando busco algo, el primer sitio para examinar es tras los relojes".
-Estoy diciendo, pensando y haciendo estupideces -sentencio Verdad en voz alta-, y yo no soy un estúpido por lo que entonces ése no ha de ser mi proceder. Debo pensar cómo el doctor Justicia, tal cómo lo he hecho antes. De ese modo sabré donde está.
Sabedor de que podía no estar solo, se dirigió al escritorio del doctor "me sentare en él, seguro le molestara" pensó, "al menos a mi me molestaría que él se sentara en mi escritorio, aunque cómo no tiene piernas no se podría subir", y se río ladinamente de lo que acababa de pensar. Y se sentó en el escritorio.
El escritorio de Justicia era blanco, cómo casi todo lo que en su consultorio había. Inclusive daba a los niños chocolates blancos, y se tomaba el agua caliente con crema, pero sin café, para que el tono pardo de esté grano no ensuciara con su presencia su impoluta y nívea clínica.
Era un viejo ideático, y todo el mundo lo sabía, o eso pensaba Verdad. Muchas veces lo había tratado de convencer de cortarse las piernas, de mutilar sus problemas. Verdad, en un gesto de generosidad, y con la diplomacia que le caracterizaba, en alguna ocasión se zahirió las piernas con un picahielos, "así, doctor, demuestro mi acuerdo con usted respecto a la inutilidad que les imputa a las piernas, pero también dejo ver que no estoy dispuesto a deshacerme de ellas" le decía, "¡si a la imputación, no a la amputación!" solía bromear. Le gustaban los juegos de palabras. Luego le explicaba diferentes ejemplos de su utilidad: "Imagine que sería del fútbol o de las desnudistas de cabaret sin piernas. Yo acepto que son prescindibles, cómo prescindible también es el vodka, el hablar o la televisión; pero mientras me guste ver el fútbol por la tv, mientras tomo vodka y hablo con alguien; ¡mas aún las desnudistas! Me rehusó a renunciar a lo prescindible por ésas razones. Usted es un mártir, yo no".
Verdad seguía sumido en sus cavilaciones, sentado sobre el escritorio pensaba en las probabilidades y razones que le habían llevado a su situación. Cómo no le gustaba dejar cabos sueltos, estuvo dos horas recapitulando su vida, ya que estaba convencido de que todo hombre era la suma de sus experiencias, y ahora mismo él, él y no cualquier otro es el que estaba atrapado en ésa situación en la que se encontraba. Por eso era importante tener clara su identidad y convencerse plenamente de que él era él.
Tras semejante ejercicio, se centro en la situación del momento. "Aquí hay algunas cosas de las que puedo partir" razonaba, "en primera instancia si el seguro estaba echado por dentro, quiere decir que el doctor -o alguien más- está aquí. Lo evidente es que sólo yo estoy aquí, y dado que yo no he echado el seguro a la puerta, ese alguien que lo hizo ya no está. Ahora, es completamente obvio que no ha salido por la misma puerta, así que las opciones son dos: la ventana, o bien, un pasadizo secreto. Si fuera un pasadizo secreto no lo sabría, de saberlo no sería secreto y cómo he dado por hecho que lo es, también puedo concluir que no existe. Si existiera no sería yo conciente de él. Así que nos queda la ventana".
"También cabe preguntarme cómo es que he llegado aquí. Naturalmente, he venido a ver al doctor, pero he creído que llegaba a mi oficina, dado que he esperado el advenimiento de Vera... por otro lado, la esposa del doctor también se llama Vera, ¿y si en realidad a la Vera a la que esperaba, era a su señora y no a mi secretaria?, ¡Es una lastima que no lo recuerde!"
"Es verdad, además, que su vista de la ventana da a una vista idéntica a aquella que a mi despacho entra, por lo que, quizá sin saberlo compartimos el mismo lugar de trabajo. Eso explicaría en primera instancia la similitud de nuestras vistas, así cómo el que confundiera mi despacho con su clínica, y bueno, en ese caso sería algo lógico, y por añadidura dejaría de ser un despiste. Yo no soy un despistado".
Se acerco de nuevo a la ventana.
-Si alguien me puede aclarar algo acerca de mi vida, y de la del doctor, esos han de ser nuestros vecinos -arguyó con cierto fastidio-. Locos estúpidos sin vida, que se entremeten con la de personas importantes cómo el doctor y yo mismo, cómo si fuéramos películas para su diversión. Historias fuera de su alcance. Algo deben saber. Siempre saben. Siempre se intrometen.
Al acercarse a la ventana, Miro ligeramente hacia abajo, buscando inconcientemente a Vera.
-¡¿Alguno sabe quien es el doctor Justicia?! -gritó finalmente. Pero nadie contestaba, todo estaba en silencio y nadie contestaba- ¡Eh, háganme caso!
-¡Cállate! -dijo finalmente una voz, pero no provenía de ninguna ventana, ni de los balcones de enfrente, sino de detrás de la puerta de su despacho. Era la misma voz femenina que había tocado antes ya dos veces.
-Puta loca -exclamó Verdad con sopor y meneando la cabeza, para si mismo. Cómo quien se harta. Espero un momento en silencio para que se fuera la mujer ésa, momento en el que, le atravesó una idea clara y distinta. "¡Exacto!" pensó, e inclusive cerro los puños y los ojos, maravillado de su propia idea, "¿Qué hago preguntando a las aves sobre el cielo si al mismo Dios puedo referirme?, seria cómo si para conquistar a una mujer habláramos con su madre. Le puedo preguntar a ella. Ella debe saber perfectamente quien trabaja aquí, si Justicia, yo, o ambos".
La verdad es que de toda la vida ella le había causado lastima, y una profunda curiosidad. No lograba entender, aún cuando era alguien bastante entendido, cómo una persona podía llegar a degenerar en "eso" que ella era. No era una persona, era un alma absorbida por el enloquecimiento. ¿Pensar que su oficina fuera un baño?, ¿"sal del baño"? Y sabía casos peores, casos de gentes que vivían abstraídas de la realidad, sumidas en corrientes circulares de enajenación. Alguna vez pensó en abrirle la puerta de su oficina, pero no, siempre lo reconsideraba después. Lo extraño es que nunca la veía cuando llegaba. Se levantaba sin despertar a Vera, su mujer, se arreglaba y llegaba a su oficina, y hasta ahí, no sabía nada de ella. "Joder, si no sé ni cómo es ella" pensó, "que extraña sensación hablar con alguien que conoces pero cuyo rostro no identificas".
-Eh -exclamó acercándose a la puerta, y pego el oído en ella-, mujer.
-¡Verdad -exclamó ella notablemente sobresaltada-, sal de ahí de una vez!
-Tranquilidad -dijo él-, primero busquemos la tranquilidad.
-¿Tranquilidad? -gritó ella-, ¡si llevas ahí encerrado tres horas gritando y riéndote cómo lo que eres, un loco!
"Un loco", rumió Verdad con cierto gesto de indignación, pero enseguida se hecho a reír quedamente, para que la mujer no se alterase más. "Los locos siempre creen que los locos son los demás. No obstante, le seguiré el juego, ella debe tener la información que necesito, y de paso le desengaño, aunque eso me duele en el alma, pues la verdad es una medicina de ésas cuyo sabor hace preferir no tragarla", concluyó.
-Pero si es mi oficina, señorita -alcanzo a decir-. O más bien, creo que lo es, aunque ahora no estoy del todo seguro.
-Bueno -dijo ella con cierto alivio-, al menos te das cuenta de tu error.
-¿Entonces es el consultorio de Justicia? -preguntó el licenciado.
-¡¿Qué?! -prorrumpió ella sin contener su molestia- ¡un baño, Verdad!, ¡es un baño!
-A ver -dijo nuestro licenciado, alzando el dedo tal que si ella lo viese a través de la puerta, y tomo aire (lo que quería decir que avecinaba una pastosa y larga exposición). Se acerco más a la puerta y comenzó-, tenemos aquí una disyuntiva nunca antes puesta al sol que siempre una buena conversación es. No soy amigo de la polémica, pero el desacuerdo es una de las caras más fascinantes de la libertad, ¡y el mundo necesita libertad!, ¡necesita claridad de pensamiento, coherencia! ¡Indulgencia y paciencia a los errados! -y mientras decía estas palabras, volteaba a ver al cielo, pero no cómo quien a Dios clama por algo, no cómo si necesitara del cielo, sino cómo si el cielo necesitara de él-, ¡luz para ver!, ¡Y sólo ilumina aquello que se revela a través de las dudas!, ¡así que si dudas de mi, en tu derecho estas, claro que si!, pero le explicare, le explicare... -y se relamía los labios para dar con las palabras que necesitaba y que no encontró-, empecemos por...
-No hay por donde empezar -dijo ella. Y Verdad volteo extrañado a la puerta, por un momento había olvidado que hablaba con ésa mujer, estaba plenamente sumergido en su monologo-. No hay nada que añadir. Es el baño. Un ba-ño.
-Mi oficina tiene un baño -apuntó Verdad-, pero no toda es un baño. Seria cómo decir que usted fuera una vagina. Que tenga una no significa... o bueno..., yo... Vaya, que vergüenza de analogía. Os ruego me disculpe.
La mujer al otro lado de la puerta sin embargo ignoró el comentario. El licenciado no sabía que decir, se sentía abochornado.
-Dirígete al baño de tu oficina, Verdad -pidió ella, mucho más tranquila.
-¿Con que fin? -preguntó él. Y de su encogimiento surgió de nuevo su habitual porte jactancioso-. Mas aún, ¿por qué sabes mi nombre?, ¿por qué no sé yo el de usted? Primero ha de decirme algunas cosas y luego esperar a que yo haga otras.
Y Verdad se paro retador ante la puerta, hasta que fue conciente de que la puerta, que tenía un espejo, le reflejaba su estúpida pose sólo a él y no a ella. "Seguramente no sepa ni su nombre", pensó, "la he metido en un lío, ha de creer que es alguien más".
-Sé tú nombre porque eres mi esposo -dijo ella-. Y tu nombre no es Verdad, sino Víctor. Pero lo has olvidado y no lo aceptas. Yo me llamo Vera.
-Ya -dijo Verdad, tranquilo, quería seguirle el juego-. ¿Y quiere que vaya al baño de mi oficina?, ¿para que?
-Sólo ve a él -dijo Vera.
"Que vaya a mi baño" se decía él, "¡que disparate!". Por un momento planeo en simplemente hacer tiempo y decirle luego de un rato "vale, ya he ido", pero se daría cuenta, o eso él suponía. "Que este loca ni implica que sea tonta" pensó "y vamos, el placer de hacerme ir a mi baño es fácil de cumplírsele". Así que meneo la cabeza, aún incrédulo de lo que estaba haciendo y se predispuso a ir a su baño.
Pero su oficina era una habitación cuadrada, sin más puertas que la de la salida... se detuvo y pensó. Reviso detrás del reloj de pared, por si ahí estuviera la puerta. Por otro lado, volviendo a su duda original, concluyó que estaría indudablemente en el consultorio del doctor Justicia, dado que, en su opinión, "de ser la mía, recordaría donde está el baño".
Sus posibilidades ésta vez eran tres, aunque ninguna de ellas le parecía completamente satisfactoria. "La ventana, un pasadizo secreto o la misma puerta por la que he llegado" razonaba, "ya he refutado la probabilidad de un pasadizo secreto, no recuerdo que dije, pero si lo dije yo ha de ser lo que opino, y suelo tener una opinión igual a la mía, así que sea lo que sea lo que yo haya dicho, estoy de acuerdo. Así que nos queda la ventana o bien ésa puerta, la puerta principal", y se acercó a ella con cierto recelo, estudiándola. "Pero, ¿qué tan principal es?, ¿y si en realidad la puerta principal es la ventana, y esto no es más que una triste puerta de baño?".
"Términos cómo "puerta principal" o "ventana" está claro que son convencionalismos que no significan nada, una botella no va a dejar de ser una botella por mucho que nos refiriéramos a ella cómo "trapecista", eso no la volvería un trapecista. Así que ésta puerta principal, no por llamarse así va a serlo; y ésa misma regla para la ventana aquella, que no ha de ser una ventana necesariamente". Volteo la mirada a la ventana, y la observo fijamente. Luego de nuevo a la puerta. Ventana. Puerta. Ventana. Puerta. Ventana. Puerta. Ventana. Puerta. Ventana. Puerta. Ventana. Puerta.
Ventana. Se acerco a la ventana. Y miro. Era la calle lo que había, cómo siempre. Ese era el panorama inmutable que ofrecía ésa ventana. A juicio de Verdad, las puertas principales solían -aunque consideraba que no era regla, pero también subrayaba el "solían"- dar a la calle. Quiso hacer una prueba.
-¡Estoy aquí, parado en mi puerta principal! -gritó a la calle, tan fuerte cómo pudo.
-¡¿Otra vez tú?! -gritó una voz. Y varios murmullos provenientes de todos lados le siguieron. Verdad alcanzo a escuchar las palabras "joder", "madrugada", "lechuga" y "fastidio".
"Aunque lo de "fastidio" me suena muy fuera de contexto, seguro no tenia que ver con lo mío" se dijo, "eso si, el comentario más claro, categórico e inmediato que obtuve de este ejercicio ha sido un "¿otra vez tú?", respuesta a mi afirmación "estoy en la puerta principal". Así que es muy claro que él preguntaba si yo otra vez estaba parado en la puerta principal. Lo que acredita que ésta es la puerta principal".
Dio media vuelta y miro la puerta. Apenas un instante bastó para salir de su inopia. Verdad se arrodillo y de sus ojos nacieron lágrimas llenas de pureza y agradecimiento. Ese templo de verdad y sus Dioses de clarividencia, el rayo siempre iluminador de lo irrebatible lo volvía a aluzar en medio de su penumbra de dudas.
-¡¿Cómo es eso posible?! -exclamó. Y volvió a echar un vistazo al consultorio, detenidamente, cómo si el doctor estuviera escondido, o se le hubiera perdido del panorama cómo quien pierde de vista un vaso o las llaves. Inclusive se sorprendió pensando en las formas en que un hombre en silla de ruedas pudiera esconderse, digamos, tras un perchero o tras un reloj de pared. Luego desecho la idea, "la gente siempre está muy pendiente del tiempo, un reloj no es un gran lugar en el que esconderse y pretender no llamar la atención", se dijo, "yo sin duda cuando busco algo, el primer sitio para examinar es tras los relojes".
-Estoy diciendo, pensando y haciendo estupideces -sentencio Verdad en voz alta-, y yo no soy un estúpido por lo que entonces ése no ha de ser mi proceder. Debo pensar cómo el doctor Justicia, tal cómo lo he hecho antes. De ese modo sabré donde está.
Sabedor de que podía no estar solo, se dirigió al escritorio del doctor "me sentare en él, seguro le molestara" pensó, "al menos a mi me molestaría que él se sentara en mi escritorio, aunque cómo no tiene piernas no se podría subir", y se río ladinamente de lo que acababa de pensar. Y se sentó en el escritorio.
El escritorio de Justicia era blanco, cómo casi todo lo que en su consultorio había. Inclusive daba a los niños chocolates blancos, y se tomaba el agua caliente con crema, pero sin café, para que el tono pardo de esté grano no ensuciara con su presencia su impoluta y nívea clínica.
Era un viejo ideático, y todo el mundo lo sabía, o eso pensaba Verdad. Muchas veces lo había tratado de convencer de cortarse las piernas, de mutilar sus problemas. Verdad, en un gesto de generosidad, y con la diplomacia que le caracterizaba, en alguna ocasión se zahirió las piernas con un picahielos, "así, doctor, demuestro mi acuerdo con usted respecto a la inutilidad que les imputa a las piernas, pero también dejo ver que no estoy dispuesto a deshacerme de ellas" le decía, "¡si a la imputación, no a la amputación!" solía bromear. Le gustaban los juegos de palabras. Luego le explicaba diferentes ejemplos de su utilidad: "Imagine que sería del fútbol o de las desnudistas de cabaret sin piernas. Yo acepto que son prescindibles, cómo prescindible también es el vodka, el hablar o la televisión; pero mientras me guste ver el fútbol por la tv, mientras tomo vodka y hablo con alguien; ¡mas aún las desnudistas! Me rehusó a renunciar a lo prescindible por ésas razones. Usted es un mártir, yo no".
Verdad seguía sumido en sus cavilaciones, sentado sobre el escritorio pensaba en las probabilidades y razones que le habían llevado a su situación. Cómo no le gustaba dejar cabos sueltos, estuvo dos horas recapitulando su vida, ya que estaba convencido de que todo hombre era la suma de sus experiencias, y ahora mismo él, él y no cualquier otro es el que estaba atrapado en ésa situación en la que se encontraba. Por eso era importante tener clara su identidad y convencerse plenamente de que él era él.
Tras semejante ejercicio, se centro en la situación del momento. "Aquí hay algunas cosas de las que puedo partir" razonaba, "en primera instancia si el seguro estaba echado por dentro, quiere decir que el doctor -o alguien más- está aquí. Lo evidente es que sólo yo estoy aquí, y dado que yo no he echado el seguro a la puerta, ese alguien que lo hizo ya no está. Ahora, es completamente obvio que no ha salido por la misma puerta, así que las opciones son dos: la ventana, o bien, un pasadizo secreto. Si fuera un pasadizo secreto no lo sabría, de saberlo no sería secreto y cómo he dado por hecho que lo es, también puedo concluir que no existe. Si existiera no sería yo conciente de él. Así que nos queda la ventana".
"También cabe preguntarme cómo es que he llegado aquí. Naturalmente, he venido a ver al doctor, pero he creído que llegaba a mi oficina, dado que he esperado el advenimiento de Vera... por otro lado, la esposa del doctor también se llama Vera, ¿y si en realidad a la Vera a la que esperaba, era a su señora y no a mi secretaria?, ¡Es una lastima que no lo recuerde!"
"Es verdad, además, que su vista de la ventana da a una vista idéntica a aquella que a mi despacho entra, por lo que, quizá sin saberlo compartimos el mismo lugar de trabajo. Eso explicaría en primera instancia la similitud de nuestras vistas, así cómo el que confundiera mi despacho con su clínica, y bueno, en ese caso sería algo lógico, y por añadidura dejaría de ser un despiste. Yo no soy un despistado".
Se acerco de nuevo a la ventana.
-Si alguien me puede aclarar algo acerca de mi vida, y de la del doctor, esos han de ser nuestros vecinos -arguyó con cierto fastidio-. Locos estúpidos sin vida, que se entremeten con la de personas importantes cómo el doctor y yo mismo, cómo si fuéramos películas para su diversión. Historias fuera de su alcance. Algo deben saber. Siempre saben. Siempre se intrometen.
Al acercarse a la ventana, Miro ligeramente hacia abajo, buscando inconcientemente a Vera.
-¡¿Alguno sabe quien es el doctor Justicia?! -gritó finalmente. Pero nadie contestaba, todo estaba en silencio y nadie contestaba- ¡Eh, háganme caso!
-¡Cállate! -dijo finalmente una voz, pero no provenía de ninguna ventana, ni de los balcones de enfrente, sino de detrás de la puerta de su despacho. Era la misma voz femenina que había tocado antes ya dos veces.
-Puta loca -exclamó Verdad con sopor y meneando la cabeza, para si mismo. Cómo quien se harta. Espero un momento en silencio para que se fuera la mujer ésa, momento en el que, le atravesó una idea clara y distinta. "¡Exacto!" pensó, e inclusive cerro los puños y los ojos, maravillado de su propia idea, "¿Qué hago preguntando a las aves sobre el cielo si al mismo Dios puedo referirme?, seria cómo si para conquistar a una mujer habláramos con su madre. Le puedo preguntar a ella. Ella debe saber perfectamente quien trabaja aquí, si Justicia, yo, o ambos".
La verdad es que de toda la vida ella le había causado lastima, y una profunda curiosidad. No lograba entender, aún cuando era alguien bastante entendido, cómo una persona podía llegar a degenerar en "eso" que ella era. No era una persona, era un alma absorbida por el enloquecimiento. ¿Pensar que su oficina fuera un baño?, ¿"sal del baño"? Y sabía casos peores, casos de gentes que vivían abstraídas de la realidad, sumidas en corrientes circulares de enajenación. Alguna vez pensó en abrirle la puerta de su oficina, pero no, siempre lo reconsideraba después. Lo extraño es que nunca la veía cuando llegaba. Se levantaba sin despertar a Vera, su mujer, se arreglaba y llegaba a su oficina, y hasta ahí, no sabía nada de ella. "Joder, si no sé ni cómo es ella" pensó, "que extraña sensación hablar con alguien que conoces pero cuyo rostro no identificas".
-Eh -exclamó acercándose a la puerta, y pego el oído en ella-, mujer.
-¡Verdad -exclamó ella notablemente sobresaltada-, sal de ahí de una vez!
-Tranquilidad -dijo él-, primero busquemos la tranquilidad.
-¿Tranquilidad? -gritó ella-, ¡si llevas ahí encerrado tres horas gritando y riéndote cómo lo que eres, un loco!
"Un loco", rumió Verdad con cierto gesto de indignación, pero enseguida se hecho a reír quedamente, para que la mujer no se alterase más. "Los locos siempre creen que los locos son los demás. No obstante, le seguiré el juego, ella debe tener la información que necesito, y de paso le desengaño, aunque eso me duele en el alma, pues la verdad es una medicina de ésas cuyo sabor hace preferir no tragarla", concluyó.
-Pero si es mi oficina, señorita -alcanzo a decir-. O más bien, creo que lo es, aunque ahora no estoy del todo seguro.
-Bueno -dijo ella con cierto alivio-, al menos te das cuenta de tu error.
-¿Entonces es el consultorio de Justicia? -preguntó el licenciado.
-¡¿Qué?! -prorrumpió ella sin contener su molestia- ¡un baño, Verdad!, ¡es un baño!
-A ver -dijo nuestro licenciado, alzando el dedo tal que si ella lo viese a través de la puerta, y tomo aire (lo que quería decir que avecinaba una pastosa y larga exposición). Se acerco más a la puerta y comenzó-, tenemos aquí una disyuntiva nunca antes puesta al sol que siempre una buena conversación es. No soy amigo de la polémica, pero el desacuerdo es una de las caras más fascinantes de la libertad, ¡y el mundo necesita libertad!, ¡necesita claridad de pensamiento, coherencia! ¡Indulgencia y paciencia a los errados! -y mientras decía estas palabras, volteaba a ver al cielo, pero no cómo quien a Dios clama por algo, no cómo si necesitara del cielo, sino cómo si el cielo necesitara de él-, ¡luz para ver!, ¡Y sólo ilumina aquello que se revela a través de las dudas!, ¡así que si dudas de mi, en tu derecho estas, claro que si!, pero le explicare, le explicare... -y se relamía los labios para dar con las palabras que necesitaba y que no encontró-, empecemos por...
-No hay por donde empezar -dijo ella. Y Verdad volteo extrañado a la puerta, por un momento había olvidado que hablaba con ésa mujer, estaba plenamente sumergido en su monologo-. No hay nada que añadir. Es el baño. Un ba-ño.
-Mi oficina tiene un baño -apuntó Verdad-, pero no toda es un baño. Seria cómo decir que usted fuera una vagina. Que tenga una no significa... o bueno..., yo... Vaya, que vergüenza de analogía. Os ruego me disculpe.
La mujer al otro lado de la puerta sin embargo ignoró el comentario. El licenciado no sabía que decir, se sentía abochornado.
-Dirígete al baño de tu oficina, Verdad -pidió ella, mucho más tranquila.
-¿Con que fin? -preguntó él. Y de su encogimiento surgió de nuevo su habitual porte jactancioso-. Mas aún, ¿por qué sabes mi nombre?, ¿por qué no sé yo el de usted? Primero ha de decirme algunas cosas y luego esperar a que yo haga otras.
Y Verdad se paro retador ante la puerta, hasta que fue conciente de que la puerta, que tenía un espejo, le reflejaba su estúpida pose sólo a él y no a ella. "Seguramente no sepa ni su nombre", pensó, "la he metido en un lío, ha de creer que es alguien más".
-Sé tú nombre porque eres mi esposo -dijo ella-. Y tu nombre no es Verdad, sino Víctor. Pero lo has olvidado y no lo aceptas. Yo me llamo Vera.
-Ya -dijo Verdad, tranquilo, quería seguirle el juego-. ¿Y quiere que vaya al baño de mi oficina?, ¿para que?
-Sólo ve a él -dijo Vera.
"Que vaya a mi baño" se decía él, "¡que disparate!". Por un momento planeo en simplemente hacer tiempo y decirle luego de un rato "vale, ya he ido", pero se daría cuenta, o eso él suponía. "Que este loca ni implica que sea tonta" pensó "y vamos, el placer de hacerme ir a mi baño es fácil de cumplírsele". Así que meneo la cabeza, aún incrédulo de lo que estaba haciendo y se predispuso a ir a su baño.
Pero su oficina era una habitación cuadrada, sin más puertas que la de la salida... se detuvo y pensó. Reviso detrás del reloj de pared, por si ahí estuviera la puerta. Por otro lado, volviendo a su duda original, concluyó que estaría indudablemente en el consultorio del doctor Justicia, dado que, en su opinión, "de ser la mía, recordaría donde está el baño".
Sus posibilidades ésta vez eran tres, aunque ninguna de ellas le parecía completamente satisfactoria. "La ventana, un pasadizo secreto o la misma puerta por la que he llegado" razonaba, "ya he refutado la probabilidad de un pasadizo secreto, no recuerdo que dije, pero si lo dije yo ha de ser lo que opino, y suelo tener una opinión igual a la mía, así que sea lo que sea lo que yo haya dicho, estoy de acuerdo. Así que nos queda la ventana o bien ésa puerta, la puerta principal", y se acercó a ella con cierto recelo, estudiándola. "Pero, ¿qué tan principal es?, ¿y si en realidad la puerta principal es la ventana, y esto no es más que una triste puerta de baño?".
"Términos cómo "puerta principal" o "ventana" está claro que son convencionalismos que no significan nada, una botella no va a dejar de ser una botella por mucho que nos refiriéramos a ella cómo "trapecista", eso no la volvería un trapecista. Así que ésta puerta principal, no por llamarse así va a serlo; y ésa misma regla para la ventana aquella, que no ha de ser una ventana necesariamente". Volteo la mirada a la ventana, y la observo fijamente. Luego de nuevo a la puerta. Ventana. Puerta. Ventana. Puerta. Ventana. Puerta. Ventana. Puerta. Ventana. Puerta. Ventana. Puerta.
Ventana. Se acerco a la ventana. Y miro. Era la calle lo que había, cómo siempre. Ese era el panorama inmutable que ofrecía ésa ventana. A juicio de Verdad, las puertas principales solían -aunque consideraba que no era regla, pero también subrayaba el "solían"- dar a la calle. Quiso hacer una prueba.
-¡Estoy aquí, parado en mi puerta principal! -gritó a la calle, tan fuerte cómo pudo.
-¡¿Otra vez tú?! -gritó una voz. Y varios murmullos provenientes de todos lados le siguieron. Verdad alcanzo a escuchar las palabras "joder", "madrugada", "lechuga" y "fastidio".
"Aunque lo de "fastidio" me suena muy fuera de contexto, seguro no tenia que ver con lo mío" se dijo, "eso si, el comentario más claro, categórico e inmediato que obtuve de este ejercicio ha sido un "¿otra vez tú?", respuesta a mi afirmación "estoy en la puerta principal". Así que es muy claro que él preguntaba si yo otra vez estaba parado en la puerta principal. Lo que acredita que ésta es la puerta principal".
Dio media vuelta y miro la puerta. Apenas un instante bastó para salir de su inopia. Verdad se arrodillo y de sus ojos nacieron lágrimas llenas de pureza y agradecimiento. Ese templo de verdad y sus Dioses de clarividencia, el rayo siempre iluminador de lo irrebatible lo volvía a aluzar en medio de su penumbra de dudas.
miércoles, agosto 23, 2006
Circulos de incapacidad.
Nunca pensé que, además de destruir mi pasado, mis viejas relaciones fueran a dar al traste también con mi presente. Y además me lo he ganado, por incapaz. Christine cree que todavía estoy enamorado de mis viejos amores. Y lo cree por mis palabras, no por invenciones suyas. Quisiera poder culpar a alguien, pero cada que levanto el dedo señalador, ya tengo a una horda de duendes de la conciencia con miles de espejos con los que mostrarme que el estúpido de esta historia, cómo de todas las demás, soy yo. He dicho cosas cómo que "llevo la lapida de una exnovia perfecta" o que "vivo atrapado en un sueño que ya no será".
Me lo ha hecho ver y lo he negado ipsofacto. No la quiero perder por una tercera persona que, además, ni siquiera existe ya en mi plano real. Dice Christine que no es la "única", "especial", "primera". Quizá no se lo haya hecho sentir, no se. Todas en su momento fueron las únicas, las especiales, las primeras o el adjetivo que ella prefiera (pero siempre prefiere adjetivos cómo "estúpidas" o "malditas", y otros semejantes para mi).
En un ejercicio de sinceridad, me lo he preguntado a la sombra de ella. Me he preguntado si sigo anclado ahí, donde siempre había estado. Claro que en su tiempo por cualquier mujer hubiera dado mi vida. Las consideraba perfectas. Aun después de que me dejaran, las seguí considerando así mucho tiempo. Era yo el defectuoso. Ahora sin embargo me doy cuenta que ellas nunca me ofrecieron quizá lo único que yo pedía; crédito.
La primera me mando a la mierda por razones que ni ahondare, pero simplemente ella no se quería involucrar ya en mis problemas "porque le afectaban". Otra me mando a la mierda por insuficiente, porque no era yo el que ella pensó que seria. Una tercera me dejo porque me deprimí. En resumen, mi vida amorosa se puede abreviar en "no eres tu". No soy yo. Nunca fui yo. Nunca seré yo.
Eso me ha hecho polvo. Mucho. Negarlo es negarme, es ser ciego a las evidentes llagas que llevo en lo poco que queda de mí. Y Christine las ve. Y Christine, si me acaricia, las sentiría también. Llevo la leyenda "No será" pegada a la piel. Siempre pierdo en la novena entrada. Pero nunca llega el siguiente partido, ése que ganaré.
Pero el tiempo te lleva por derroteros de desengaño. Guantazos de verdad. Sus vidas son perfectas sin mí. Y honestamente yo no pienso ya. De menos no con añoranza. Me entristecen las oportunidades perdidas, suspiro por ellas. Son vidas que no viví, finalmente. Pero no aspiro ya a vivirlas. Ni siquiera me interesa ya indagar las circunstancias que llevaron a que fueran estas impedidas.
De hecho pasa el fenómeno contrario, son ellas las que me han buscado para darme razones, razones que no me interesan, aunque supongo que ellas necesitan darlas para hacer catarsis de su culpa. Cómo yo mis palabras estupidas.
Pero si la cagas, lo justo es que pagues.
Y es que además soy mala persona, y disfruto su dolor, o su arrepentimiento. Lo disfruto mucho. Quiero que se jodan. El día que una me hablo llorando diciéndome "a todos los comparo contigo", me regodee en alegría vil, en mi placer mezquino y le conteste "pues yo no quiero hablar, adiós". Creo que tras colgar me fui silbando esa canción, en el país de donde las dan las toman...
Que se chinguen. Ya se que son sentimientos de un hijoputa. Pero a estas alturas de mi vida no es que me preocupe demasiado lo que ellas en particular opinen de mí.
Lo que opine Chistine sí.
Y, yo no sabría mentirle. Y no por falta de ganas. No puedo porque todo aquello que con invenciones quisiera ocultar o crear, es demasiado evidente su estigma o su carencia. No puedo, por ejemplo, decir que puedo ofrecerle riquezas si luego uso la misma chaqueta seis de los siete días de mi semana. Tampoco puedo decir que le daré tranquilidad y seguridad, si luego soy una persona obsesa y depresiva, si lloro porque me siento solo, o porque llueve. No le diría que será feliz conmigo, porque eso he querido poder ofrecer siempre, pero hasta hoy no lo he logrado provocar...
Ni siquiera sé cómo decirle nada, y no quedar cómo el imbécil ese que señalan los duendes de mi conciencia con sus espejos. Esos putos duendes...
Y una vez más, lo único que pido es credo. Que crea en mí. Pero es difícil. Yo tengo las manos vacías. Yo no soy nadie ni tengo nada. Estoy lleno de mis traumas. Mis pinches problemas con el mundo. Hundido en mi coraje y mi resentimiento contra una vida que yo no escogí. Que no amo cómo puedo amarle a ella.
La verdad es que yo tampoco creería en mí. No creo, de hecho. Cómo pedirle nada.
Me lo ha hecho ver y lo he negado ipsofacto. No la quiero perder por una tercera persona que, además, ni siquiera existe ya en mi plano real. Dice Christine que no es la "única", "especial", "primera". Quizá no se lo haya hecho sentir, no se. Todas en su momento fueron las únicas, las especiales, las primeras o el adjetivo que ella prefiera (pero siempre prefiere adjetivos cómo "estúpidas" o "malditas", y otros semejantes para mi).
En un ejercicio de sinceridad, me lo he preguntado a la sombra de ella. Me he preguntado si sigo anclado ahí, donde siempre había estado. Claro que en su tiempo por cualquier mujer hubiera dado mi vida. Las consideraba perfectas. Aun después de que me dejaran, las seguí considerando así mucho tiempo. Era yo el defectuoso. Ahora sin embargo me doy cuenta que ellas nunca me ofrecieron quizá lo único que yo pedía; crédito.
La primera me mando a la mierda por razones que ni ahondare, pero simplemente ella no se quería involucrar ya en mis problemas "porque le afectaban". Otra me mando a la mierda por insuficiente, porque no era yo el que ella pensó que seria. Una tercera me dejo porque me deprimí. En resumen, mi vida amorosa se puede abreviar en "no eres tu". No soy yo. Nunca fui yo. Nunca seré yo.
Eso me ha hecho polvo. Mucho. Negarlo es negarme, es ser ciego a las evidentes llagas que llevo en lo poco que queda de mí. Y Christine las ve. Y Christine, si me acaricia, las sentiría también. Llevo la leyenda "No será" pegada a la piel. Siempre pierdo en la novena entrada. Pero nunca llega el siguiente partido, ése que ganaré.
Pero el tiempo te lleva por derroteros de desengaño. Guantazos de verdad. Sus vidas son perfectas sin mí. Y honestamente yo no pienso ya. De menos no con añoranza. Me entristecen las oportunidades perdidas, suspiro por ellas. Son vidas que no viví, finalmente. Pero no aspiro ya a vivirlas. Ni siquiera me interesa ya indagar las circunstancias que llevaron a que fueran estas impedidas.
De hecho pasa el fenómeno contrario, son ellas las que me han buscado para darme razones, razones que no me interesan, aunque supongo que ellas necesitan darlas para hacer catarsis de su culpa. Cómo yo mis palabras estupidas.
Pero si la cagas, lo justo es que pagues.
Y es que además soy mala persona, y disfruto su dolor, o su arrepentimiento. Lo disfruto mucho. Quiero que se jodan. El día que una me hablo llorando diciéndome "a todos los comparo contigo", me regodee en alegría vil, en mi placer mezquino y le conteste "pues yo no quiero hablar, adiós". Creo que tras colgar me fui silbando esa canción, en el país de donde las dan las toman...
Que se chinguen. Ya se que son sentimientos de un hijoputa. Pero a estas alturas de mi vida no es que me preocupe demasiado lo que ellas en particular opinen de mí.
Lo que opine Chistine sí.
Y, yo no sabría mentirle. Y no por falta de ganas. No puedo porque todo aquello que con invenciones quisiera ocultar o crear, es demasiado evidente su estigma o su carencia. No puedo, por ejemplo, decir que puedo ofrecerle riquezas si luego uso la misma chaqueta seis de los siete días de mi semana. Tampoco puedo decir que le daré tranquilidad y seguridad, si luego soy una persona obsesa y depresiva, si lloro porque me siento solo, o porque llueve. No le diría que será feliz conmigo, porque eso he querido poder ofrecer siempre, pero hasta hoy no lo he logrado provocar...
Ni siquiera sé cómo decirle nada, y no quedar cómo el imbécil ese que señalan los duendes de mi conciencia con sus espejos. Esos putos duendes...
Y una vez más, lo único que pido es credo. Que crea en mí. Pero es difícil. Yo tengo las manos vacías. Yo no soy nadie ni tengo nada. Estoy lleno de mis traumas. Mis pinches problemas con el mundo. Hundido en mi coraje y mi resentimiento contra una vida que yo no escogí. Que no amo cómo puedo amarle a ella.
La verdad es que yo tampoco creería en mí. No creo, de hecho. Cómo pedirle nada.
martes, agosto 22, 2006
La ventana del adiós (2 de 4).
Se paro y abrió la única ventana de su oficina, mirando hacia la calle, cómo si al mirar la calle Vera fuera a aparecer de pronto. Creyó verla a lo lejos, a un par de cuadras.
-¡Eh, Vera! -gritó a todo pulmón-, ¡Vera, llevo aquí esperando ya más de una hora, dígnese a llegar de una vez!
Pero ésa chica que a él desde la lontananza le parecía ser Vera no se veía siquiera enterada de los lloros de Verdad.
-¡Cállate, puto loco! -gritó sin embargo una vieja desde una ventana anexa.
-¡Sí, callaos ya, Verdad, la gente intenta dormir! -se escucho una segunda voz proveniente de un balcón que, rebosante de ropa recién lavada, se asomaba con el tenue alumbrado publico desde el edificio de enfrente.
Verdad levanto los brazos incomprendiendo la actitud de esos dos. Sin embargo, él, tirando de su autocontrol y queriendo demostrar su innegable capacidad protocolaria, comenzó a hablar.
-¡Pero si son las nueve del día, dormir a estas horas sólo los vagos y los enfermos! -dijo- Entenderán que a estas horas, si han de esperar un pan en vuestra mesa al llegar la tarde habrán de ganárselo, y es lo que yo pretendo, solamente, así cómo lo que deseo para Vera, mi secretaria. Es una chica sumamente servicial ella, además de infinitamente bien parecida, otra cosa es que entre esto ultimo y su corta edad, hay cientos de fanfarrones que con sus morlacos le pretenden.
-¡Cállate ya! -repitió desde su ventana la misma señora. Y una tercera voz se unió a la sinfonía contra Verdad.
-¿Otra vez tu?, ¡estas cómo una cabra, Verdad! -gritó con su tono chillón y estridente ésa tercera voz, proveniente de algún otro balcón del edificio de enfrente. Era la voz de una mujer muy mayor, se notaba. Y que no había sido feliz nunca, al parecer. Sólo alguien sumido en la eterna infelicidad llegaría a tener ésa voz.
-¡Esperen amigos! -dijo Verdad ahora mirando el cielo, dado que no podía ver a los tres a la vez- ¡si mi intención fuera molestarles, aún suponiendo que durmiendo estuvieran, que baje Dios, me señale, y quede con ello yo maldito! ¡Sólo estoy llamando a Vera!
Algunas voces más protestaron, siendo ya seis o siete los que gritaban contra Verdad.
-¡Queremos dormir, joder! -decía una.
-Si no te callas llamare a la policía -amenazaba otra.
-¿Alguno tiene un arma? -injirió un tercero.
Una paloma se posó entonces en la cornisa de la ventana de Verdad.
-Seguiré esperando aún contra su voluntad, lo siento. Ha llegado éste emplumado amigo, aunque bueno, no es Vera -gritó Verdad-, cómo esta claro que tampoco es Dios viniendo a señalarme, dado que Dios puede tomar la forma que guste, desde luego, ¿pero un pájaro sucio y sarniento?
Las voces eran cada vez más y más. Más y más. Veinte, cincuenta. Todos los balcones del edificio frontal tenían ya a una o más personas gritándole. En su propio edificio también casi todas las ventanas habían sido abiertas por personas que pedían el silencio de Verdad,
-¡El silencio o su cabeza! -gritó uno.
Y al poco retumbaba en unísono sea misma frase, que repetía la gente, una y otra vez.
Así que el licenciado prefirió cerrar la ventana y volver a lo suyo. "Piden silencio gritando, montón de locos estúpidos", se dijo, "seguro que cuando pidieron la mano de su esposa la abofetearon, y cuando tienen hambre se provocan el vomito". Tal analogía le provocó mucha gracia, que le saco de su estado de molestia y lo relajó bastante. Los gritos de "el silencio o su cabeza" habían césado ya.
-El primer cliente ya no ha de tardar -dijo en voz alta-, será mejor que ponga un poco de orden. Ojala Vera ya no tarde.
Su cliente era el doctor Justicia famoso por haber realizado el primer transplante de corazón en su ciudad. También tenía otros meritos médicos de relevancia local, cómo haber amputado sus propias piernas para demostrar la utilidad superior de la silla de ruedas cómo medio de transporte. Inclusive se ofrecía a amputar las piernas de quien lo deseara sin costo alguno, y presidía una ONG dedicada a dicha misión: La Casa Sobre Ruedas, cuyo eslogan era "Mutilemos los problemas". El licenciado Verdad le llevaba la contabilidad tanto de La Casa Sobre Ruedas cómo de sus labores profesionales, Justicia tenía un consultorio en el sur de la ciudad, famoso y exitoso, cómo era cualquier negocio al que Verdad diera sus servicios.
-¡Doctor Justicia! -exclamó, después de un rato, volteando con asombro hacia la puerta.
-Buena tarde licenciado -dijo una voz un tanto fingida, ronca y potente-, ¿llego a buena hora?
-Siempre es buena hora -expresó Verdad sonriendo-. Siempre es buena hora para recibirle señor, ¿Cómo le va todo?, ¿esta bien la señora, sus pequeñines?
-Están bien -contesto el medico-, ella y ellos. ¿Le cuento algo?, creemos que esta embarazada otra vez. Se ha estado mareando estos últimos días, además de que ha subido de peso, y usted sabe que come menos que un africano en medio de una guerrilla.
-Que sagaz y que negro es su humor -dijo Verdad-. Una felicitación por el embarazo de la señora Vera. Estará muy emocionada de traer al mundo a otra replica de usted.
-¡Replica de mi! -decía a risotadas el galeno-, vaya tino. La más pequeña, la dulce Obstetricia, ya sabe decir "electroencefalograma". Y se sabe todos los huesos del cuerpo, excepto los de las piernas, que ya le he explicado que son dispensables. Tan sólo cumpla los 18, estará lista para cortarse las piernas.
-Me da mucho gusto -sonrió Verdad.
-¿Cómo recuerda el nombre de mi esposa? -preguntó el señor Justicia.
-Oh, bueno, no ha sido difícil -explicaba el licenciado riendo-, todas las mujeres que tienen algo que ver en mi vida se llaman así. Mi esposa, mi madre, mi secretaria, mi hermana, la chica que nos hace el aseo en casa e inclusive aquella pueblerina con la que hace un tiempo me enrolle a la dulce sombra del desconocimiento de mi esposa se llamaba así.
-¿Y no serán la misma? -preguntó Justicia, sonriendo maliciosamente. Verdad se quedo mudo un par de segundos. Segundos de esos que gritan por morir dada la incertidumbre y terror que apodera a aquellos que los viven (o que los mueren), y pensaba realmente en lo que había dicho Justicia con un inconsistente pero cruel tormento- Es broma -dijo finalmente Justicia al ver el lío en el que había metido a Verdad. Y ambos echaron a reír sus gargantas a todo lo que sus cuerdas vocales podían dar. Verdad comenzó a toser, ahogado de la risa y Justicia presuroso se acerco rodando (recordemos que andaba en silla de ruedas) para asistirle.
Sonó la puerta.
-Es ésa loca -dijo Verdad sin decírselo propiamente a nadie, luego volteo la mirada hacia el doctor y continúo-. Ésa loca, ¿le he hablado de ella?, esté atento y escuche sus tozudeces.
La puerta volvió a sonar esta vez más fuerte.
-Escuche, escuche -dijo el licenciado a Justicia y éste avispó el oído.
-¡Verdad! -sonó la voz del otro lado de la puerta- ¡Abre de una vez el puto baño!, ¡son las cuatro de la madrugada, y tu te pones a gritar por la ventana y a reír así de alto!
-Vete de aquí -dijo el medico-, puta loca.
Verdad volteo a ver al doctor con una extraña mirada, y éste correspondo la mirada con una sonrisilla noble, pero complacida con la extrañeza que inundaba a nuestro licenciado.
-Pero si eso lo digo yo -alcanzo a decir Verdad, caminando hacia la ventana, aún présa de una ofuscada perplejidad ante el doctor, que había sabido sus palabras sin habérselas escuchado nunca. ¿Cómo había sabido de sus palabras?, ¿acaso le espiaba?, ¿acaso la conocía y ella le había contado?, ¿sería su esposa?
No. "Ninguna de ésas cosas es factible", pensó. "Es viable, sin embargo -y dada mi elevada capacidad de deducción, más que viable ha de ser absolutamente cierto- que, haya sido yo el que haya adivinado sus palabras. Sí, eso es. En realidad ésa puta loca a quien molesta es a él en su consultorio y yo he venido a visitarle y es así cómo he adivinado que la loca le toca la puerta. Debe ser eso. Todas las veces anteriores que he vivido situaciones con ésa mujer, y mas que "vivido" debería decir "pensado", han sido solamente producto de mi elemental fuerza de deducción. El silogismo es tan evidente cómo en consecuencia clara su respuesta: Si el doctor es cómo es, se debe a determinados factores, y yo he deducido esos factores, entre los que he encontrado que uno de ellos ha de ser una loca que toca a la puerta de su consultorio. Eso es. Ni el azul del cielo es tan fehaciente". Verdad miraba por la ventana. Ya no le preocupaba si Vera llegaría. De hecho ahora sabía que no habría de llegar, al fin y al cabo estaba en el consultorio del doctor Justicia y no en su despacho, ¿de que pintaría Vera aquí?
"La vista que tiene aquí el doctor es idéntica a la mía en mi despacho", observo.
-Sabe doctor -decía viendo aún a la calle-, la vista que tiene aquí es idéntica a la que tengo en el despacho. Una foto, eso es. Podría ser una foto de allá. O viceversa.
No obtuvo respuesta.
-¿Doctor? -dijo. Nadie contestaba. Volteo la vista y se encontró con que no había nadie.
-¡Eh, Vera! -gritó a todo pulmón-, ¡Vera, llevo aquí esperando ya más de una hora, dígnese a llegar de una vez!
Pero ésa chica que a él desde la lontananza le parecía ser Vera no se veía siquiera enterada de los lloros de Verdad.
-¡Cállate, puto loco! -gritó sin embargo una vieja desde una ventana anexa.
-¡Sí, callaos ya, Verdad, la gente intenta dormir! -se escucho una segunda voz proveniente de un balcón que, rebosante de ropa recién lavada, se asomaba con el tenue alumbrado publico desde el edificio de enfrente.
Verdad levanto los brazos incomprendiendo la actitud de esos dos. Sin embargo, él, tirando de su autocontrol y queriendo demostrar su innegable capacidad protocolaria, comenzó a hablar.
-¡Pero si son las nueve del día, dormir a estas horas sólo los vagos y los enfermos! -dijo- Entenderán que a estas horas, si han de esperar un pan en vuestra mesa al llegar la tarde habrán de ganárselo, y es lo que yo pretendo, solamente, así cómo lo que deseo para Vera, mi secretaria. Es una chica sumamente servicial ella, además de infinitamente bien parecida, otra cosa es que entre esto ultimo y su corta edad, hay cientos de fanfarrones que con sus morlacos le pretenden.
-¡Cállate ya! -repitió desde su ventana la misma señora. Y una tercera voz se unió a la sinfonía contra Verdad.
-¿Otra vez tu?, ¡estas cómo una cabra, Verdad! -gritó con su tono chillón y estridente ésa tercera voz, proveniente de algún otro balcón del edificio de enfrente. Era la voz de una mujer muy mayor, se notaba. Y que no había sido feliz nunca, al parecer. Sólo alguien sumido en la eterna infelicidad llegaría a tener ésa voz.
-¡Esperen amigos! -dijo Verdad ahora mirando el cielo, dado que no podía ver a los tres a la vez- ¡si mi intención fuera molestarles, aún suponiendo que durmiendo estuvieran, que baje Dios, me señale, y quede con ello yo maldito! ¡Sólo estoy llamando a Vera!
Algunas voces más protestaron, siendo ya seis o siete los que gritaban contra Verdad.
-¡Queremos dormir, joder! -decía una.
-Si no te callas llamare a la policía -amenazaba otra.
-¿Alguno tiene un arma? -injirió un tercero.
Una paloma se posó entonces en la cornisa de la ventana de Verdad.
-Seguiré esperando aún contra su voluntad, lo siento. Ha llegado éste emplumado amigo, aunque bueno, no es Vera -gritó Verdad-, cómo esta claro que tampoco es Dios viniendo a señalarme, dado que Dios puede tomar la forma que guste, desde luego, ¿pero un pájaro sucio y sarniento?
Las voces eran cada vez más y más. Más y más. Veinte, cincuenta. Todos los balcones del edificio frontal tenían ya a una o más personas gritándole. En su propio edificio también casi todas las ventanas habían sido abiertas por personas que pedían el silencio de Verdad,
-¡El silencio o su cabeza! -gritó uno.
Y al poco retumbaba en unísono sea misma frase, que repetía la gente, una y otra vez.
Así que el licenciado prefirió cerrar la ventana y volver a lo suyo. "Piden silencio gritando, montón de locos estúpidos", se dijo, "seguro que cuando pidieron la mano de su esposa la abofetearon, y cuando tienen hambre se provocan el vomito". Tal analogía le provocó mucha gracia, que le saco de su estado de molestia y lo relajó bastante. Los gritos de "el silencio o su cabeza" habían césado ya.
-El primer cliente ya no ha de tardar -dijo en voz alta-, será mejor que ponga un poco de orden. Ojala Vera ya no tarde.
Su cliente era el doctor Justicia famoso por haber realizado el primer transplante de corazón en su ciudad. También tenía otros meritos médicos de relevancia local, cómo haber amputado sus propias piernas para demostrar la utilidad superior de la silla de ruedas cómo medio de transporte. Inclusive se ofrecía a amputar las piernas de quien lo deseara sin costo alguno, y presidía una ONG dedicada a dicha misión: La Casa Sobre Ruedas, cuyo eslogan era "Mutilemos los problemas". El licenciado Verdad le llevaba la contabilidad tanto de La Casa Sobre Ruedas cómo de sus labores profesionales, Justicia tenía un consultorio en el sur de la ciudad, famoso y exitoso, cómo era cualquier negocio al que Verdad diera sus servicios.
-¡Doctor Justicia! -exclamó, después de un rato, volteando con asombro hacia la puerta.
-Buena tarde licenciado -dijo una voz un tanto fingida, ronca y potente-, ¿llego a buena hora?
-Siempre es buena hora -expresó Verdad sonriendo-. Siempre es buena hora para recibirle señor, ¿Cómo le va todo?, ¿esta bien la señora, sus pequeñines?
-Están bien -contesto el medico-, ella y ellos. ¿Le cuento algo?, creemos que esta embarazada otra vez. Se ha estado mareando estos últimos días, además de que ha subido de peso, y usted sabe que come menos que un africano en medio de una guerrilla.
-Que sagaz y que negro es su humor -dijo Verdad-. Una felicitación por el embarazo de la señora Vera. Estará muy emocionada de traer al mundo a otra replica de usted.
-¡Replica de mi! -decía a risotadas el galeno-, vaya tino. La más pequeña, la dulce Obstetricia, ya sabe decir "electroencefalograma". Y se sabe todos los huesos del cuerpo, excepto los de las piernas, que ya le he explicado que son dispensables. Tan sólo cumpla los 18, estará lista para cortarse las piernas.
-Me da mucho gusto -sonrió Verdad.
-¿Cómo recuerda el nombre de mi esposa? -preguntó el señor Justicia.
-Oh, bueno, no ha sido difícil -explicaba el licenciado riendo-, todas las mujeres que tienen algo que ver en mi vida se llaman así. Mi esposa, mi madre, mi secretaria, mi hermana, la chica que nos hace el aseo en casa e inclusive aquella pueblerina con la que hace un tiempo me enrolle a la dulce sombra del desconocimiento de mi esposa se llamaba así.
-¿Y no serán la misma? -preguntó Justicia, sonriendo maliciosamente. Verdad se quedo mudo un par de segundos. Segundos de esos que gritan por morir dada la incertidumbre y terror que apodera a aquellos que los viven (o que los mueren), y pensaba realmente en lo que había dicho Justicia con un inconsistente pero cruel tormento- Es broma -dijo finalmente Justicia al ver el lío en el que había metido a Verdad. Y ambos echaron a reír sus gargantas a todo lo que sus cuerdas vocales podían dar. Verdad comenzó a toser, ahogado de la risa y Justicia presuroso se acerco rodando (recordemos que andaba en silla de ruedas) para asistirle.
Sonó la puerta.
-Es ésa loca -dijo Verdad sin decírselo propiamente a nadie, luego volteo la mirada hacia el doctor y continúo-. Ésa loca, ¿le he hablado de ella?, esté atento y escuche sus tozudeces.
La puerta volvió a sonar esta vez más fuerte.
-Escuche, escuche -dijo el licenciado a Justicia y éste avispó el oído.
-¡Verdad! -sonó la voz del otro lado de la puerta- ¡Abre de una vez el puto baño!, ¡son las cuatro de la madrugada, y tu te pones a gritar por la ventana y a reír así de alto!
-Vete de aquí -dijo el medico-, puta loca.
Verdad volteo a ver al doctor con una extraña mirada, y éste correspondo la mirada con una sonrisilla noble, pero complacida con la extrañeza que inundaba a nuestro licenciado.
-Pero si eso lo digo yo -alcanzo a decir Verdad, caminando hacia la ventana, aún présa de una ofuscada perplejidad ante el doctor, que había sabido sus palabras sin habérselas escuchado nunca. ¿Cómo había sabido de sus palabras?, ¿acaso le espiaba?, ¿acaso la conocía y ella le había contado?, ¿sería su esposa?
No. "Ninguna de ésas cosas es factible", pensó. "Es viable, sin embargo -y dada mi elevada capacidad de deducción, más que viable ha de ser absolutamente cierto- que, haya sido yo el que haya adivinado sus palabras. Sí, eso es. En realidad ésa puta loca a quien molesta es a él en su consultorio y yo he venido a visitarle y es así cómo he adivinado que la loca le toca la puerta. Debe ser eso. Todas las veces anteriores que he vivido situaciones con ésa mujer, y mas que "vivido" debería decir "pensado", han sido solamente producto de mi elemental fuerza de deducción. El silogismo es tan evidente cómo en consecuencia clara su respuesta: Si el doctor es cómo es, se debe a determinados factores, y yo he deducido esos factores, entre los que he encontrado que uno de ellos ha de ser una loca que toca a la puerta de su consultorio. Eso es. Ni el azul del cielo es tan fehaciente". Verdad miraba por la ventana. Ya no le preocupaba si Vera llegaría. De hecho ahora sabía que no habría de llegar, al fin y al cabo estaba en el consultorio del doctor Justicia y no en su despacho, ¿de que pintaría Vera aquí?
"La vista que tiene aquí el doctor es idéntica a la mía en mi despacho", observo.
-Sabe doctor -decía viendo aún a la calle-, la vista que tiene aquí es idéntica a la que tengo en el despacho. Una foto, eso es. Podría ser una foto de allá. O viceversa.
No obtuvo respuesta.
-¿Doctor? -dijo. Nadie contestaba. Volteo la vista y se encontró con que no había nadie.
La ventana del adiós (1 de 4).
El licenciado Verdad había llegado con bastante tardanza a su oficina -oficina que, hay que mencionarlo, estaba bastante cerca de su casa-. Su secretaria siempre esperaba fuera del despacho hasta que éste llegaba, esta vez, sin embargo, no estaba ahí.
Nuestro buen personaje imaginó el dialogo que pudiera haber tenido con su secretaria ausente, que por lo demás, no era demasiado variado, cabe decir.
-¡Otra vez tarde licenciado! -decía ella, con las manos en la cintura.
-El trafico Vera. Siempre me agarra en los momentos más inoportunos. -decía él, buscándose las llaves de la oficina en las diversas bolsas de su gabardina.
-¡Pero si usted viene a pie!
-El flujo peatonal también es tráfico, que no lo sepa una chica tan instruida y capaz cómo usted Vera, me resulta por demás asombroso.
Verdad abrió la puerta del despacho y se sentó presurosamente en su silla para comenzar las diversas labores del día, así cómo esperar a los clientes que ésa tarde le visitarían. Era un licenciado de suma importancia para su ciudad, por no decir su país. Siempre llevaba los casos y cuentas de las personas más importantes, entre ellos el primer actor Elevador Disco, la famosa canciller derechista Gondola Pejalrinaikos, e inclusive de de empresas trasnacionales con poder tremendo, cómo la fabrica de clavos de goma Gumnails, o la editorial Furia, que había saltado a la fama gracias a una idea del mismo licenciado Verdad: reescribir la Biblia tomando cómo base los textos de Sade. Grandes mandamientos cómo "violaras a tu padre y madre y luego miccionarás sobre ellos" o "no desearas a la mujer de otro mientras él no esté atado al lado de donde follaras con ella" partían de su esplendorosa y siempre reconocida creatividad.
Una mujer toco la puerta.
-¿Podrías salir del baño ya, Verdad? -gritó desde fuera dicha mujer.
-¡Lerda loca -exclamó Verdad desde su asiento-, ya te he dicho que no me molestes!
La mujer ya mencionada era una persona que a Verdad le parecía bastante extraña. Todos los días, e inclusive varias veces, llamaba a la puerta diciendo eso. O se ponía a llorar, y cosas peores. "Es una loca" concluía y continuaba sus labores.
Hoy, sus labores iban de revisar los papeles de defunción del gobernador Ortega, quien había muerto hace unas semanas en un accidente automovilístico. Tenia que leer una carta que la esposa de Ortega había mandadole con las instrucciones con las que habría de proceder en cuanto al testamento del gobernador. Era una carta muy extensa. Pasaba y pasaba renglones y no terminaba. "Esto debe tener cómo cien hojas dobles, y encima escritas con letra pequeña" se decía mientras veía turbado tan inmensa misiva. Al cabo de algunas paginas, no muchas, estaba ya harto.
Vera, su secretaria, seguía sin llegar y empezaba a hartarse de tal situación. "Si ella estuviera, ella podría con el coñazo de leer ésa carta sin despeinarse; pero yo soy un hombre de acción, no de palabras", pensaba, y se gallardeaba cómo pavo en celo, alzando el pecho, "soy un hombre hecho para enfrentar, para rebatir y combatir la injusticia, el licenciado Verdad, si señor, ése soy yo".
Nuestro buen personaje imaginó el dialogo que pudiera haber tenido con su secretaria ausente, que por lo demás, no era demasiado variado, cabe decir.
-¡Otra vez tarde licenciado! -decía ella, con las manos en la cintura.
-El trafico Vera. Siempre me agarra en los momentos más inoportunos. -decía él, buscándose las llaves de la oficina en las diversas bolsas de su gabardina.
-¡Pero si usted viene a pie!
-El flujo peatonal también es tráfico, que no lo sepa una chica tan instruida y capaz cómo usted Vera, me resulta por demás asombroso.
Verdad abrió la puerta del despacho y se sentó presurosamente en su silla para comenzar las diversas labores del día, así cómo esperar a los clientes que ésa tarde le visitarían. Era un licenciado de suma importancia para su ciudad, por no decir su país. Siempre llevaba los casos y cuentas de las personas más importantes, entre ellos el primer actor Elevador Disco, la famosa canciller derechista Gondola Pejalrinaikos, e inclusive de de empresas trasnacionales con poder tremendo, cómo la fabrica de clavos de goma Gumnails, o la editorial Furia, que había saltado a la fama gracias a una idea del mismo licenciado Verdad: reescribir la Biblia tomando cómo base los textos de Sade. Grandes mandamientos cómo "violaras a tu padre y madre y luego miccionarás sobre ellos" o "no desearas a la mujer de otro mientras él no esté atado al lado de donde follaras con ella" partían de su esplendorosa y siempre reconocida creatividad.
Una mujer toco la puerta.
-¿Podrías salir del baño ya, Verdad? -gritó desde fuera dicha mujer.
-¡Lerda loca -exclamó Verdad desde su asiento-, ya te he dicho que no me molestes!
La mujer ya mencionada era una persona que a Verdad le parecía bastante extraña. Todos los días, e inclusive varias veces, llamaba a la puerta diciendo eso. O se ponía a llorar, y cosas peores. "Es una loca" concluía y continuaba sus labores.
Hoy, sus labores iban de revisar los papeles de defunción del gobernador Ortega, quien había muerto hace unas semanas en un accidente automovilístico. Tenia que leer una carta que la esposa de Ortega había mandadole con las instrucciones con las que habría de proceder en cuanto al testamento del gobernador. Era una carta muy extensa. Pasaba y pasaba renglones y no terminaba. "Esto debe tener cómo cien hojas dobles, y encima escritas con letra pequeña" se decía mientras veía turbado tan inmensa misiva. Al cabo de algunas paginas, no muchas, estaba ya harto.
Vera, su secretaria, seguía sin llegar y empezaba a hartarse de tal situación. "Si ella estuviera, ella podría con el coñazo de leer ésa carta sin despeinarse; pero yo soy un hombre de acción, no de palabras", pensaba, y se gallardeaba cómo pavo en celo, alzando el pecho, "soy un hombre hecho para enfrentar, para rebatir y combatir la injusticia, el licenciado Verdad, si señor, ése soy yo".
lunes, agosto 21, 2006
viernes, agosto 18, 2006
Caseteras descompuestas.
Viento nocturno y estrellas idiotas.
Trofeos de vitrina por todas las derrotas.
Viento en los cabellos de una secretara,
que arrastra en la oficina su vida deficitaria.
Lagrimas negras en el cenicero.
Corazones rotos en la tienda un carnicero.
Viento nocturno y la vista perdida,
buscando en el suelo trozos de la vida
que es una promesa
hecha en las películas.
Los ojos abiertos los dejo en la mesa.
Solo me ofrecen verdades ridículas.
Viento nocturno en tu aliento y tus manos.
Si llevas tu ropa es que vas a dejarnos.
A mi y mis ataduras.
Trofeos de vitrina por todas las derrotas.
Viento en los cabellos de una secretara,
que arrastra en la oficina su vida deficitaria.
Lagrimas negras en el cenicero.
Corazones rotos en la tienda un carnicero.
Viento nocturno y la vista perdida,
buscando en el suelo trozos de la vida
que es una promesa
hecha en las películas.
Los ojos abiertos los dejo en la mesa.
Solo me ofrecen verdades ridículas.
Viento nocturno en tu aliento y tus manos.
Si llevas tu ropa es que vas a dejarnos.
A mi y mis ataduras.
jueves, agosto 17, 2006
Frases subnormales vol. 1.
a)
-No estuvo buena esa película.
-Bueno, es tu opinión.
¿Y hay en el puto mundo alguien que no hable en su opinión?
¿No es la norma hablar a titulo personal, y por tanto ser en la excepción -citar algún libro, mencionar palabras de alguna persona, decir ideologías de una cultura/corriente- cuando has de aclarar que lo estas haciendo?
¿Cuándo tenga sed deberé decir "yo creo que tengo sed" porque, tal vez mi interlocutor, opine que no tengo sed?
b)
-Eso no tiene sentido.
-Tú crees que siempre tienes razón.
¿Y tu no?, ¿tu piensas cosas que crees que son equivocadas?
Puedo entender perfectamente que alguien tenga dudas y se haga una idea de algo que no sabe a ciencia cierta -digamos, la composición química de Júpiter-, pero no la gente dice en esos casos "supongo"?,
¿No es lo racional creer que lo que se piensa es lo adecuado?, ¿existe alguien que tenga una convicción, alguna creencia y a la vez opine que es completamente errónea?
-No estuvo buena esa película.
-Bueno, es tu opinión.
¿Y hay en el puto mundo alguien que no hable en su opinión?
¿No es la norma hablar a titulo personal, y por tanto ser en la excepción -citar algún libro, mencionar palabras de alguna persona, decir ideologías de una cultura/corriente- cuando has de aclarar que lo estas haciendo?
¿Cuándo tenga sed deberé decir "yo creo que tengo sed" porque, tal vez mi interlocutor, opine que no tengo sed?
b)
-Eso no tiene sentido.
-Tú crees que siempre tienes razón.
¿Y tu no?, ¿tu piensas cosas que crees que son equivocadas?
Puedo entender perfectamente que alguien tenga dudas y se haga una idea de algo que no sabe a ciencia cierta -digamos, la composición química de Júpiter-, pero no la gente dice en esos casos "supongo"?,
¿No es lo racional creer que lo que se piensa es lo adecuado?, ¿existe alguien que tenga una convicción, alguna creencia y a la vez opine que es completamente errónea?
miércoles, agosto 16, 2006
(sin titulo)
Careciendo de fortuna de ningún género, de alguna clase de prestigio, de cualesquiera forma de belleza o de cualquier capacidad; se que cuando sea amado, será amor verdadero. El problema, sin embargo, de mi particular situación, es que nadie para su mirada en mi.
martes, agosto 15, 2006
Todas las desgracias son culpa de la música estúpida.
Mientras el señor Ortega conducía por avenida Insurgentes, un gran espectacular del nuevo disco de Daddy Yankie lo hizo despistarse y chocó contra un autobús escolar matando a todos los niños y todas las personas que por ahí vivían, o pasaban, pues murieron calcinados por la gasolina. Inclusive en días posteriores al accidente las personas morían cuando entraban en un área de 1 kilómetro a la redonda. Era dar el paso divisor y caer muerto. Los pocos sobrevivientes de tal suceso se mantienen en estado muy grave, apenas sobreviviendo con medicinas variadas. Dohan Alcatraz, uno de los sobrevivientes, las pide constantemente, al grado de -posiblemente- haber caído en la adicción. "A mi me gusta la medicina" declaro, "denme más medicina".
A más o menos esa misma hora de más o menos ese mismo día, Martha Miranda había encontrado el amor en un buen hombre cuya honesta labor era la de hacer trabajos de carpintería a domicilio. "Carpi" le decían sus amiguitos. A los pocos días, ella, enamoradísima, le dedico una melodía que le grabo en un bonito cedé de esos con formas estúpidas. Era un tema de RBD. Cuando nuestro buen hombre llego a su hogar aquella noche lo puso para dormir. Nunca despertó. Ni él ni todos los seres humanos que vivían en aquel viejo edificio de la calle Ayuntamiento. Dicen personas cercanas a los sucesos -aquellas que no perdieron la voz, vaya- que por la noche se ven salir espectros que gritan su sufrimiento de aquel edificio. Tal perdida ha sido muy dura para la señora Miranda "Cierro los ojos, y ya estoy pensando en el" nos cuenta, "y se lo digo yo, que no sigo a los demás".
Unos días antes la familia Díaz había ido a un balneario cercano a Cuernavaca. El padre de familia, Roldan, había ido a comprar un capuchino y tortas mientras su familia esperaba con la carita empapada que volviera con tortas, mil tortas para ellos. En ese momento, el sonido local del balneario comenzó a tocar una melodía ibérica aun no identificada. Roldan narra lo sucedido a continuación: "todos comenzaron a cortarse sus orejas con los cuchillos que, seguramente, traían para poner mostaza a sus sándwiches de picnic. Luego han querido dárselas a mi mujer, a saber porque, oiga". Momentos después todos comenzaron a ser devorados por un calor brutal, que les ha quemado a todos excepto a el y a su hija adolescente, Yuridia. "Eran mis vacaciones de la academia, y no podía creer lo que estaba pasando ahí" -explica-, "¡haz que pare!, le gritaba yo a mi padre sumida en la desesperación mas absoluta «yo que, dile al sol», me contestaba mi papi chulo".
A más o menos esa misma hora de más o menos ese mismo día, Martha Miranda había encontrado el amor en un buen hombre cuya honesta labor era la de hacer trabajos de carpintería a domicilio. "Carpi" le decían sus amiguitos. A los pocos días, ella, enamoradísima, le dedico una melodía que le grabo en un bonito cedé de esos con formas estúpidas. Era un tema de RBD. Cuando nuestro buen hombre llego a su hogar aquella noche lo puso para dormir. Nunca despertó. Ni él ni todos los seres humanos que vivían en aquel viejo edificio de la calle Ayuntamiento. Dicen personas cercanas a los sucesos -aquellas que no perdieron la voz, vaya- que por la noche se ven salir espectros que gritan su sufrimiento de aquel edificio. Tal perdida ha sido muy dura para la señora Miranda "Cierro los ojos, y ya estoy pensando en el" nos cuenta, "y se lo digo yo, que no sigo a los demás".
Unos días antes la familia Díaz había ido a un balneario cercano a Cuernavaca. El padre de familia, Roldan, había ido a comprar un capuchino y tortas mientras su familia esperaba con la carita empapada que volviera con tortas, mil tortas para ellos. En ese momento, el sonido local del balneario comenzó a tocar una melodía ibérica aun no identificada. Roldan narra lo sucedido a continuación: "todos comenzaron a cortarse sus orejas con los cuchillos que, seguramente, traían para poner mostaza a sus sándwiches de picnic. Luego han querido dárselas a mi mujer, a saber porque, oiga". Momentos después todos comenzaron a ser devorados por un calor brutal, que les ha quemado a todos excepto a el y a su hija adolescente, Yuridia. "Eran mis vacaciones de la academia, y no podía creer lo que estaba pasando ahí" -explica-, "¡haz que pare!, le gritaba yo a mi padre sumida en la desesperación mas absoluta «yo que, dile al sol», me contestaba mi papi chulo".
lunes, agosto 14, 2006
Toda una vida para odiar.
Mis cajones tienen papeles llenos de mentiras.
Mi cabeza guarda odios oídos que fueron sueños no vividos.
Quizás después de un desengaño me escucharas,
como nunca, de forma honesta.
Cosas que dije hace ya muchos días.
Que dejaste, en su día sin respuesta.
No va a cambiar nada ya, sin embargo.
Un mundo de diferencias. Deferencias no dadas.
Tengo en los dientes jirones de tu persona, en las manos mechas de tus cabellos.
Una almohada aun plastificada, en la parte más alta del ropero menos usado.
Cepillos de dientes empaquetados, tacones que nadie usara.
Plumas vomitando injurias que hablan de ti.
Para subsistir. Tal vez.
Mi cabeza guarda odios oídos que fueron sueños no vividos.
Quizás después de un desengaño me escucharas,
como nunca, de forma honesta.
Cosas que dije hace ya muchos días.
Que dejaste, en su día sin respuesta.
No va a cambiar nada ya, sin embargo.
Un mundo de diferencias. Deferencias no dadas.
Tengo en los dientes jirones de tu persona, en las manos mechas de tus cabellos.
Una almohada aun plastificada, en la parte más alta del ropero menos usado.
Cepillos de dientes empaquetados, tacones que nadie usara.
Plumas vomitando injurias que hablan de ti.
Para subsistir. Tal vez.
viernes, agosto 11, 2006
Ix ox qiehro.
No soy dueño ni de lo que digo. No soy dueño siquiera de mi vida.
Pero si os digo que os quiero, si os doy mi vida; es porque os quiero y mi vida es suya.
Tengo viejas lágrimas, aun detenidas por la presa de mi voluntad.
Tengo viejas palabras, que fueron todo y ya no son nada.
Vórtices internos de sueños que se destruyeron y no me entere.
No te ahogues conmigo. Mejor sálvame.
No soy dueño de mi alma. No soy dueño de nada de mí, ni de mí.
Pero si os digo que es suya aquella como suyo yo, es porque somos de usted.
Hoy no puedo dormir. Ni ningún otro día.
Hoy no quiero vivir. Sin tu compañía.
Tengo mis monstruos y los venceré, talvez,
tengo fantasmas que vuelven de vez en vez.
Pero tengo mas vida y a ti, mi musiña, sílfide calida.
No eres como soy, no eres de mi naturaleza,
estas esperándome en la cornisa. La salida.
Caeremos al vació, mientras mi boca os besa.
Caeremos y tal vez nadie nos pueda salvar,
de morir enamorados, de vivir entregados,
de ser nuestra propia salvación.
No soy dueño de mis hojas. No soy dueño de mis tiempos.
Pero si vivo en estos, si escribo en aquellas; es porque os espero, porque mato tu ausencia soñando en papel.
Con aquel,
día.
Que llegue.
Sonría.
Te tome y despegue.
Tu vida.
Lo que queda de la mía.
Del suelo.
Al cielo.
Y muramos en el intento de vivir.
Y grite el suelo que nos queremos, y bailen las hojas, y tintinen los cielos.
Fulgures y dances. Te vuelvas mariposas y grillos,
matando recuerdos con tus mil brillos,
descubras caminos quitando los velos.
Velos. Velos ahí.
Son los días por venir.
Los mejores. Allá vamos a ir.
De la mano. Sin equipaje.
Será la vida así. Como un viaje.
Y no tendremos que salir.
Pero si os digo que os quiero, si os doy mi vida; es porque os quiero y mi vida es suya.
Tengo viejas lágrimas, aun detenidas por la presa de mi voluntad.
Tengo viejas palabras, que fueron todo y ya no son nada.
Vórtices internos de sueños que se destruyeron y no me entere.
No te ahogues conmigo. Mejor sálvame.
No soy dueño de mi alma. No soy dueño de nada de mí, ni de mí.
Pero si os digo que es suya aquella como suyo yo, es porque somos de usted.
Hoy no puedo dormir. Ni ningún otro día.
Hoy no quiero vivir. Sin tu compañía.
Tengo mis monstruos y los venceré, talvez,
tengo fantasmas que vuelven de vez en vez.
Pero tengo mas vida y a ti, mi musiña, sílfide calida.
No eres como soy, no eres de mi naturaleza,
estas esperándome en la cornisa. La salida.
Caeremos al vació, mientras mi boca os besa.
Caeremos y tal vez nadie nos pueda salvar,
de morir enamorados, de vivir entregados,
de ser nuestra propia salvación.
No soy dueño de mis hojas. No soy dueño de mis tiempos.
Pero si vivo en estos, si escribo en aquellas; es porque os espero, porque mato tu ausencia soñando en papel.
Con aquel,
día.
Que llegue.
Sonría.
Te tome y despegue.
Tu vida.
Lo que queda de la mía.
Del suelo.
Al cielo.
Y muramos en el intento de vivir.
Y grite el suelo que nos queremos, y bailen las hojas, y tintinen los cielos.
Fulgures y dances. Te vuelvas mariposas y grillos,
matando recuerdos con tus mil brillos,
descubras caminos quitando los velos.
Velos. Velos ahí.
Son los días por venir.
Los mejores. Allá vamos a ir.
De la mano. Sin equipaje.
Será la vida así. Como un viaje.
Y no tendremos que salir.
jueves, agosto 10, 2006
Circulos de lejanía.
Te quisiera contar que estoy solo, pero no me escucharías. Hay iones en el medio. Iones.
Que supieras como vivo. Pero para ti ya estoy muerto. Anclado a las sombras y a los demás fantasmas, que fueron igual que yo desterrados de la realidad a la que perteneces. Y no nos ven. Ni teniéndome enfrente, ni si te tocara.
Aspiro a lo que el viento húmedo, las sabanas frías. A darte un escalofrío. Un ligero espasmo. Invisible a los ojos de los vivos, a los que yo tampoco veo y no por que me sean imperceptibles también. Sino por que no salgo de aquí.
Porque me escondo en un rincón de la verdad, tras el velo de tus ojos ausentes.
Con tu mirada atenta a otra parte. Otra parte.
Que supieras como vivo. Pero para ti ya estoy muerto. Anclado a las sombras y a los demás fantasmas, que fueron igual que yo desterrados de la realidad a la que perteneces. Y no nos ven. Ni teniéndome enfrente, ni si te tocara.
Aspiro a lo que el viento húmedo, las sabanas frías. A darte un escalofrío. Un ligero espasmo. Invisible a los ojos de los vivos, a los que yo tampoco veo y no por que me sean imperceptibles también. Sino por que no salgo de aquí.
Porque me escondo en un rincón de la verdad, tras el velo de tus ojos ausentes.
Con tu mirada atenta a otra parte. Otra parte.
miércoles, agosto 09, 2006
Circulos de incuria.
Espirales de niños con mascaras de políticos,
espirales y orugas que no mutaran,
recuento de los días desperdiciados;
y un sonrisa que no sale ya,
de estar cansada tras tantos ensayos,
adscrita a la falsedad de todos estos años.
Espirales en picada que caen al mar.
Hojarasca húmeda que flota en tu alma.
Historias ausentes, que no se recuerdan.
Espirales. Y el mar en calma.
Llevo en las bolsas unas cuantas monedas,
para pagar los trasportes los días que quiera escapar.
Llegara ese dia, y con él un relevo,
de este ciudadano que nadie conoce.
Espirales de mujeres inmaculadas.
De ancianas en el metro, que buscan el roce,
de un cuerpo, de un día, de vidas prestadas.
Espirales de lágrimas, que caen al cielo,
de nubes cenizas que lloran desengaño.
Todos viajamos, vamos observando,
la soledad colectiva de nuestras miradas,
las sonrisas cruzadas. De contrabando.
Niños que juegan a los abogados,
mientras sus madres miran el televisor.
Las noticias de éste informan de los atentados
a mi esperanza, y no se encuentra aún al agresor.
Busco poemas para aderezar,
los mendrugos duros de mi orfandad,
para encontrarte, o para encontrar...
algo.
espirales y orugas que no mutaran,
recuento de los días desperdiciados;
y un sonrisa que no sale ya,
de estar cansada tras tantos ensayos,
adscrita a la falsedad de todos estos años.
Espirales en picada que caen al mar.
Hojarasca húmeda que flota en tu alma.
Historias ausentes, que no se recuerdan.
Espirales. Y el mar en calma.
Llevo en las bolsas unas cuantas monedas,
para pagar los trasportes los días que quiera escapar.
Llegara ese dia, y con él un relevo,
de este ciudadano que nadie conoce.
Espirales de mujeres inmaculadas.
De ancianas en el metro, que buscan el roce,
de un cuerpo, de un día, de vidas prestadas.
Espirales de lágrimas, que caen al cielo,
de nubes cenizas que lloran desengaño.
Todos viajamos, vamos observando,
la soledad colectiva de nuestras miradas,
las sonrisas cruzadas. De contrabando.
Niños que juegan a los abogados,
mientras sus madres miran el televisor.
Las noticias de éste informan de los atentados
a mi esperanza, y no se encuentra aún al agresor.
Busco poemas para aderezar,
los mendrugos duros de mi orfandad,
para encontrarte, o para encontrar...
algo.
martes, agosto 08, 2006
Lapida.
Josué Ramos (1983-2006).
"Murió cuando al llegar a la estación, vio que no quedaban boletos para irse del mundo."
"Murió cuando al llegar a la estación, vio que no quedaban boletos para irse del mundo."
lunes, agosto 07, 2006
Sobre la taladración testicular de Dios y cómo somos felices de todas maneras.
Los sonidos de tu aroma.
Que Paris se incendie, que caiga Roma.
La taladración testicular de Dios.
Dime hola, no me digas adiós.
Dame manzanas, para demostrarme tu amor.
Mientras yo te armo ciudades con edificios que nacen viejos,
para que tú los restaures con pinturas y labiales rojos.
Yo tengo a que me dejes temor,
necesito tus labios para vivir y para comprarme una bicicleta.
Necesito una vida, y una chica que me espere en casa. Perdí la mía.
La vida, vaya. La chica no la tenía.
Y solo me quedan botellas de silencio en la maleta,
y un ramo de flores de plastico fosforita
-que no valen una mierda, pero están coquetas-,
y te las doy por que eres la más bonita.
Y la dueña de la dedicatoria de todas mis puñetas.
Hay necesidad de una chica que me quiera así de roto,
necesito de tus caricias para vivir y para comprarme una moto.
Para nacer siete veces cada que muera una canción.
Y llegar a ser mayoría de tu corazón.
Y comprarte arroz, y comprarte chocolate, o hacerlo.
O arroz con chocolate, como Choco Crispis.
Crispy, crispy, Benjamin Franklin.
I don't remember anymore of that melody,
except your voice singin'.
Yo quiero darte elefantes y pollos que te bailen
bailes extraños que hablen de cosas pequeñas.
Cómo anillos, dientes, cmi orgullo o lagañas.
Se la bombera de mis recuerdos, es por nuestro bien.
Que Paris se incendie, que caiga Roma.
La taladración testicular de Dios.
Dime hola, no me digas adiós.
Dame manzanas, para demostrarme tu amor.
Mientras yo te armo ciudades con edificios que nacen viejos,
para que tú los restaures con pinturas y labiales rojos.
Yo tengo a que me dejes temor,
necesito tus labios para vivir y para comprarme una bicicleta.
Necesito una vida, y una chica que me espere en casa. Perdí la mía.
La vida, vaya. La chica no la tenía.
Y solo me quedan botellas de silencio en la maleta,
y un ramo de flores de plastico fosforita
-que no valen una mierda, pero están coquetas-,
y te las doy por que eres la más bonita.
Y la dueña de la dedicatoria de todas mis puñetas.
Hay necesidad de una chica que me quiera así de roto,
necesito de tus caricias para vivir y para comprarme una moto.
Para nacer siete veces cada que muera una canción.
Y llegar a ser mayoría de tu corazón.
Y comprarte arroz, y comprarte chocolate, o hacerlo.
O arroz con chocolate, como Choco Crispis.
Crispy, crispy, Benjamin Franklin.
I don't remember anymore of that melody,
except your voice singin'.
Yo quiero darte elefantes y pollos que te bailen
bailes extraños que hablen de cosas pequeñas.
Cómo anillos, dientes, cmi orgullo o lagañas.
Se la bombera de mis recuerdos, es por nuestro bien.
viernes, agosto 04, 2006
Sinceridad.
Si eres mujer y no de mi familia -y aun tal vez si lo fueras-, y yo me he interesado en hablarte o seguido el juego si tú te interesaste, es por que en fondo tuve o tengo la esperanza de copular.
jueves, agosto 03, 2006
Por todos lados me golpean.
Las mujeres hermosas que se saben hermosas son altivas y miserables.
Las mujeres hermosas que se sienten feas, son depresivas e insoportables -aunque mejores que las primeras, eso sí-.
Las mujeres feas no son opción.
Que puta es la vida.
Las mujeres hermosas que se sienten feas, son depresivas e insoportables -aunque mejores que las primeras, eso sí-.
Las mujeres feas no son opción.
Que puta es la vida.
miércoles, agosto 02, 2006
Nada ahora.
Nadie me quiere y en eso todos estamos de acuerdo. Me las tengo que arreglar yo solo para casi todas las cosas, ¡por eso me masturbo, no es que lo disfrute!
Y ante tal situación, donde yo tengo que pagar mis propios gastos, donde no hay nadie que me talle mientras me baño, donde tengo que comprar las cosas que necesito sin el subsidio de nadie, y donde inclusive tengo que visitar mi propio blog por que solo a mi me interesa mi puta vida de basura y lombrices: pues nada declaro este día 2 de agosto de 2006 el día en que me revelo a hacer nada por mi mismo.
Bueno, no. Pero molaría. Igual habría asociaciones Pro-Josue que recaudarían fondos para subvencionar mi existencia; con anuncios en las paradas del trolebús con mi foto y la leyenda "Hay quienes nacen con desventajas" o mejor aun: "El no tiene orgasmos. Pero tu puedes cambiar su vida". Eso estaría muy bien, pero también por lo mismo es que se revela imposible como otras tantas cosas, tales como sorber sopa caliente eternamente o ser feliz. No, la verdad es que si soy honesto -y eso no es que pase muy a menudo-, tengo pocos problemas en mi vida. El mayor de todos desde luego es la falta de orgasmos. Pero tu puedes cambiar mi vida (si, me gusto la frase, ¿qué pasa?).
Pues bien, partiendo de la verdad inefable con la que iniciamos -que nadie me quiere-, puedo entonces tener que concluir una cosa: lo que yo no haga por mi, nadie lo hara. A menos claro, que les diera dinero o que hablemos de cosas como darme la vuelta o hacerme miserable la vida, que ahí si que hay una legión de personas que lo hacen sin problema.
Nadie, pues, se preocupa por mis fracasos.
Normalmente cuando quiero obtener algo de mi, me torturo. Cosas como "si no lavas tu ropa no puedes jugar Nintendo" o "antes de que empieces ese libro limpia tu recamara". Osease, soy mi propia madre borde y miserable. Y también mi propio niño cabronazo e insufrible, porque me pongo a jugar Nintendo o me leo el libro importándome una mierda la ropa, mi recamara y lo que me diga la madre. Esto viene al tema por que he decidido imponerme dos cosas. Y dada la dificultad de ambas, me daré el tiempo suficiente, que soy un idiota, pero un idiota realista, o eso digo. Así pues, antes de cumplir treinta y dos años:
1. Debo terminar la universidad.
2. Debo vivir con una chica que este buena y me quiera.
El día de mi trigésimo segundo cumpleaños, de no obtener estas dos cosas, me suicidare.
Así que hoy empieza mi aventura contrarreloj por la gloria y el honor. O por una vida como la que todo hombre sueña -excepto los homosexuales, que no querrán una chica buena-. 23 años de experiencia comiendo migajas y lamiendo los platos del éxito de los demás respaldan mi incapacidad para vivir así. No quiero eso. Yo quiero todo y ahora, pero si tengo que ceden entre el "todo" y el "ahora", cedo el ahora, y me quedo con el todo venidero. También por que el "nada ahora" ya lo tengo, si.
Y ante tal situación, donde yo tengo que pagar mis propios gastos, donde no hay nadie que me talle mientras me baño, donde tengo que comprar las cosas que necesito sin el subsidio de nadie, y donde inclusive tengo que visitar mi propio blog por que solo a mi me interesa mi puta vida de basura y lombrices: pues nada declaro este día 2 de agosto de 2006 el día en que me revelo a hacer nada por mi mismo.
Bueno, no. Pero molaría. Igual habría asociaciones Pro-Josue que recaudarían fondos para subvencionar mi existencia; con anuncios en las paradas del trolebús con mi foto y la leyenda "Hay quienes nacen con desventajas" o mejor aun: "El no tiene orgasmos. Pero tu puedes cambiar su vida". Eso estaría muy bien, pero también por lo mismo es que se revela imposible como otras tantas cosas, tales como sorber sopa caliente eternamente o ser feliz. No, la verdad es que si soy honesto -y eso no es que pase muy a menudo-, tengo pocos problemas en mi vida. El mayor de todos desde luego es la falta de orgasmos. Pero tu puedes cambiar mi vida (si, me gusto la frase, ¿qué pasa?).
Pues bien, partiendo de la verdad inefable con la que iniciamos -que nadie me quiere-, puedo entonces tener que concluir una cosa: lo que yo no haga por mi, nadie lo hara. A menos claro, que les diera dinero o que hablemos de cosas como darme la vuelta o hacerme miserable la vida, que ahí si que hay una legión de personas que lo hacen sin problema.
Nadie, pues, se preocupa por mis fracasos.
Normalmente cuando quiero obtener algo de mi, me torturo. Cosas como "si no lavas tu ropa no puedes jugar Nintendo" o "antes de que empieces ese libro limpia tu recamara". Osease, soy mi propia madre borde y miserable. Y también mi propio niño cabronazo e insufrible, porque me pongo a jugar Nintendo o me leo el libro importándome una mierda la ropa, mi recamara y lo que me diga la madre. Esto viene al tema por que he decidido imponerme dos cosas. Y dada la dificultad de ambas, me daré el tiempo suficiente, que soy un idiota, pero un idiota realista, o eso digo. Así pues, antes de cumplir treinta y dos años:
1. Debo terminar la universidad.
2. Debo vivir con una chica que este buena y me quiera.
El día de mi trigésimo segundo cumpleaños, de no obtener estas dos cosas, me suicidare.
Así que hoy empieza mi aventura contrarreloj por la gloria y el honor. O por una vida como la que todo hombre sueña -excepto los homosexuales, que no querrán una chica buena-. 23 años de experiencia comiendo migajas y lamiendo los platos del éxito de los demás respaldan mi incapacidad para vivir así. No quiero eso. Yo quiero todo y ahora, pero si tengo que ceden entre el "todo" y el "ahora", cedo el ahora, y me quedo con el todo venidero. También por que el "nada ahora" ya lo tengo, si.
martes, agosto 01, 2006
Extrañas ventajas.
En la carrera de la vida, tengo la ventaja de un lisiado en una competencia de atletismo.
Perderé. Pero seré al que mas le aplaudan.
Perderé. Pero seré al que mas le aplaudan.
lunes, julio 31, 2006
Circulos de soledad.
Los cereales duran mucho.
Elijó siempre la música que escucho.
El jabón y todas mis cosas personales están justo donde las dejo.
Tengo demasiado dinero y eso que gano una mierda.
Veo siempre el canal de tv que escojo.
No le rindo cuentas a nadie ni a nada.
Duermo excelente todas las noches.
Y la vida no tiene sentido, de todas maneras.
Tengo en la piel el hedor de lo inmaculado.
Elijó siempre la música que escucho.
El jabón y todas mis cosas personales están justo donde las dejo.
Tengo demasiado dinero y eso que gano una mierda.
Veo siempre el canal de tv que escojo.
No le rindo cuentas a nadie ni a nada.
Duermo excelente todas las noches.
Y la vida no tiene sentido, de todas maneras.
Tengo en la piel el hedor de lo inmaculado.
viernes, julio 28, 2006
The nightmare against you.
Las personas dicen celebrar la llegada de Jesús, pero todos sabemos que solo se reúnen para atragantarse de pavo y recibir regalos. Pero yo soy el amargado por decirlo.
Mi vecina sabe que tiene un buen culo, y se pone pantalones que así lo hagan constatar. Pero yo soy el vulgar por mirárselo.
La vida de todos los demás que no son él mismo, a cada quien, le importa una mierda, pero aun así se dicen "buenas tardes" y se sonríen. Pero yo soy el borde por ir viendo el suelo sin hablar.
La gente no usa una laptop, ni saben para que es todo lo que trae su móvil, ni guardan diez mil canciones en su reproductor, y los tienen aludiendo a su "gran funcionalidad". Pero tú eres el atrasado, por no tener nada de eso.
El mundo esta mal. El camino sigue siendo el contraflujo.
Mi vecina sabe que tiene un buen culo, y se pone pantalones que así lo hagan constatar. Pero yo soy el vulgar por mirárselo.
La vida de todos los demás que no son él mismo, a cada quien, le importa una mierda, pero aun así se dicen "buenas tardes" y se sonríen. Pero yo soy el borde por ir viendo el suelo sin hablar.
La gente no usa una laptop, ni saben para que es todo lo que trae su móvil, ni guardan diez mil canciones en su reproductor, y los tienen aludiendo a su "gran funcionalidad". Pero tú eres el atrasado, por no tener nada de eso.
El mundo esta mal. El camino sigue siendo el contraflujo.
jueves, julio 27, 2006
La tempestad.
Vida cómo yogur. Y tu los trocitos de fruta. Analogías estúpidas para vivir, enamorado. Aferrado a la esperanza.
Un día me levantare harto de ti, harto de mí, harto de lo que somos cuando estamos juntos. Un día no serás la mejor, un día perderé mis pocas virtudes a tus ojos.
Hoy hago ensaladas para cenar. Para cenar contigo. Hoy hago el idiota pensando en grandes cosas que nunca sucederán. Me lavo los dientes, inclusive. Me perfumo. Amanecer no es morir. Morir ya no es un deseo.
Camino por Madero con mi sonrisa estúpida. Gasto mi vida pensando en tus orejas. Hago odas a tus rodillas.
Vida cómo jardín. Y tu las flores. Vida como futuro. Tú cómo razón. Como motivo para salir vivo de ella.
Un día, antes o después me olvidaras. Encontraras uno mejor, por que esta vez ni siquiera la tienes tan difícil para ello. Un día, antes o después, todo dejara de funcionar, te hartaras de coser mis roturas, de sanarme las heridas.
Tarde o temprano volverá la soledad, la tempestad y mis días sin tu voz, tu sexo y tu olor. Que sea tarde. Date cuenta de tu error, encuentra mi escasez, y niégame la vida tarde. Muy tarde, cuando ya no pueda superarlo, cuando ya no pueda salvarme.
Un día me levantare harto de ti, harto de mí, harto de lo que somos cuando estamos juntos. Un día no serás la mejor, un día perderé mis pocas virtudes a tus ojos.
Hoy hago ensaladas para cenar. Para cenar contigo. Hoy hago el idiota pensando en grandes cosas que nunca sucederán. Me lavo los dientes, inclusive. Me perfumo. Amanecer no es morir. Morir ya no es un deseo.
Camino por Madero con mi sonrisa estúpida. Gasto mi vida pensando en tus orejas. Hago odas a tus rodillas.
Vida cómo jardín. Y tu las flores. Vida como futuro. Tú cómo razón. Como motivo para salir vivo de ella.
Un día, antes o después me olvidaras. Encontraras uno mejor, por que esta vez ni siquiera la tienes tan difícil para ello. Un día, antes o después, todo dejara de funcionar, te hartaras de coser mis roturas, de sanarme las heridas.
Tarde o temprano volverá la soledad, la tempestad y mis días sin tu voz, tu sexo y tu olor. Que sea tarde. Date cuenta de tu error, encuentra mi escasez, y niégame la vida tarde. Muy tarde, cuando ya no pueda superarlo, cuando ya no pueda salvarme.
miércoles, julio 26, 2006
Esfw5/-.af.
Yo quiero tu vida como casa, pero no me alcanza para la renta que pides.
Y tú vienes e invades sin derecho ni papeles. Ni me das una mierda a cambio de tu permanencia. Más bien al revés.
Y tú vienes e invades sin derecho ni papeles. Ni me das una mierda a cambio de tu permanencia. Más bien al revés.
martes, julio 25, 2006
Que lo lea un gobernante.
Tengo quejas de mi vida, que me ha salido mala. Pero no hay oficinas con las cuales quejarse de semejante situación, así que uso para tal efecto a la gente y este mismo blog, lo triste sin embargo es que no siempre funciona para arreglar mi defectuoso producto.
Creo que el gobierno debería auspiciar una Secretaria de la Felicidad. No entiendo como hay Secretaria de Salud, cuando, ¿de que nos sirve ser sanos si no estamos felices?, es mas, si lo vemos mas profundamente, podríamos carecer de salud y pero si fuéramos felices no nos importaría. Ahí esta de muestra la gente feliz del mundo para demostrar como de desinteresados del universo son. Joder, es que hasta les convendría a ellos, podrían ser mas corruptos y nosotros -literalmente- tan contentos.
Igual veríamos huelgas de felicidad. Quedaría muy literario y novelesco "no seré feliz hasta que el gobierno apoye a las familias pobres". Y serian, sino mas útiles, si mucho mas divertidos los recuentos, "recuento de sonrisas, casa por casa, sonrisa por sonrisa".
Lo peor de esto, por cierto, es que, comúnmente, ni salud ni felicidad ni nada. Siempre es uno el que debe buscarse la vida, ¿por qué nadie me dijo que ser adulto implica tener obligaciones y ser independiente?, ¿por qué la mayoría de edad no es optativa?, ¡yo quiero seguir culpando a mis padres de mi imbecilidad!, ¡yo quiero ser la victima!
Creo que el gobierno debería auspiciar una Secretaria de la Felicidad. No entiendo como hay Secretaria de Salud, cuando, ¿de que nos sirve ser sanos si no estamos felices?, es mas, si lo vemos mas profundamente, podríamos carecer de salud y pero si fuéramos felices no nos importaría. Ahí esta de muestra la gente feliz del mundo para demostrar como de desinteresados del universo son. Joder, es que hasta les convendría a ellos, podrían ser mas corruptos y nosotros -literalmente- tan contentos.
Igual veríamos huelgas de felicidad. Quedaría muy literario y novelesco "no seré feliz hasta que el gobierno apoye a las familias pobres". Y serian, sino mas útiles, si mucho mas divertidos los recuentos, "recuento de sonrisas, casa por casa, sonrisa por sonrisa".
Lo peor de esto, por cierto, es que, comúnmente, ni salud ni felicidad ni nada. Siempre es uno el que debe buscarse la vida, ¿por qué nadie me dijo que ser adulto implica tener obligaciones y ser independiente?, ¿por qué la mayoría de edad no es optativa?, ¡yo quiero seguir culpando a mis padres de mi imbecilidad!, ¡yo quiero ser la victima!
lunes, julio 24, 2006
Voluntario en el abismo.
Soy al en su cumpleaños el viento le gana a soplar sus velas.
Quien sube al autobús justo después de que todos los asientos se ocupan.
El que fue de vaqueros a tu gala.
Al que le toca siempre cruzarse con aquellos a los que debe dinero.
La hojuela de cereal que se queda en la caja cuando la tiran.
Basura debajo de los muebles que nadie barre por desidia.
La nube que tapa las estrellas.
Lagrima que no cae en ningún paño.
Soy al que mojan los carros en días con lluvia.
La novena persona en llegar, cuando alguien compra pizza.
El que se queda a una cifra del número ganador de la lotería.
Al que los vendedores de puerta en puerta siempre engatusan.
Quien nunca trae dinero el día que hay buenas ofertas en el súper.
Aquel que se queda sin batería en el móvil cuando debe llamarte.
A quien le rebotan siempre los cheques.
Soy el que orina en la calle justo cuando pasa la policía.
Llevo siempre las llaves que no abren las puertas que he de cruzar.
Olvido las palabras adecuadas para hacerte sonreír.
Llorare en las películas equivocadas.
Te llevare justo a las galerías que no te gustaran.
Pero es que no tengo más.
Quiero ganarte como quien llegara con sus dardos a la competencia. De boliche.
Como quien te recita palabras bellas. Y sabes que esta plagiando a otro.
Y esperare, como quien espera el autobús. En el baño de su casa.
Que un día caigas loca por mí. Esperare ganar.
Esperare que seas mi premio. Por soportar esta puta vida,
tan absurdamente rutinaria y sola.
Y me salves de morir enamorado de la vida. Que nunca he tenido.
Y me encadenes a tus cabellos. Reo de tus pestañas.
Quien sube al autobús justo después de que todos los asientos se ocupan.
El que fue de vaqueros a tu gala.
Al que le toca siempre cruzarse con aquellos a los que debe dinero.
La hojuela de cereal que se queda en la caja cuando la tiran.
Basura debajo de los muebles que nadie barre por desidia.
La nube que tapa las estrellas.
Lagrima que no cae en ningún paño.
Soy al que mojan los carros en días con lluvia.
La novena persona en llegar, cuando alguien compra pizza.
El que se queda a una cifra del número ganador de la lotería.
Al que los vendedores de puerta en puerta siempre engatusan.
Quien nunca trae dinero el día que hay buenas ofertas en el súper.
Aquel que se queda sin batería en el móvil cuando debe llamarte.
A quien le rebotan siempre los cheques.
Soy el que orina en la calle justo cuando pasa la policía.
Llevo siempre las llaves que no abren las puertas que he de cruzar.
Olvido las palabras adecuadas para hacerte sonreír.
Llorare en las películas equivocadas.
Te llevare justo a las galerías que no te gustaran.
Pero es que no tengo más.
Quiero ganarte como quien llegara con sus dardos a la competencia. De boliche.
Como quien te recita palabras bellas. Y sabes que esta plagiando a otro.
Y esperare, como quien espera el autobús. En el baño de su casa.
Que un día caigas loca por mí. Esperare ganar.
Esperare que seas mi premio. Por soportar esta puta vida,
tan absurdamente rutinaria y sola.
Y me salves de morir enamorado de la vida. Que nunca he tenido.
Y me encadenes a tus cabellos. Reo de tus pestañas.
viernes, julio 21, 2006
Arte moderno.
Yo no tengo nada, estoy solo y vivo en una existencia carente de experiencias, historias o pasiones. Metas inalcanzables. Tú tienes una mujer que te ama, cosas que hacer, cosas que pensar y metas que alcanzar.
Y cómo con algo tengo que sostenerme, digo que eres imbécil. Que no eres pleno. Que vives en el engaño. Lo tuyo son memeces. Lo mió esta mas alla, lo mio es de categoria. No es que te envidie, no es eso.
Y cómo con algo tengo que sostenerme, digo que eres imbécil. Que no eres pleno. Que vives en el engaño. Lo tuyo son memeces. Lo mió esta mas alla, lo mio es de categoria. No es que te envidie, no es eso.
jueves, julio 20, 2006
La guerra de los mundos.
Todos caminan hacia sus casas, quieren ver la tele, quieren escuchar alguna canción vacía. El metro esta lleno de caras largas, de personas hartas de ese día, de días hartos de esas personas. Gente que odia su trabajo, su explotación, su prostitución. No nos gusta la vida, por que no le gustamos nosotros a ella. Pero nos mantenemos con frases subnormales como "obra bien y bien te ira" o "al final cada uno tiene lo que merece". Pero obras bien y te roban en la esquina. Pero al final no tenemos nada.
Esperamos la prosperidad que no vendrá. Como enamorado en el metro, una hora después de que ha pasado la acordada.
Todo funciona, versa la actitud. Todo funciona. El amor funciona, los empleos funcionan, las familias funcionan. Todo va bien.
La vida no falla. Tú fallas. Tu eres quien esta roto, tu eres la pieza que hay que cambiar.
No te necesitamos, muchas gracias.
Yo me retiro de su mundo. Me voy mas allá de la frontera de éste, declaro mi independencia, monto una guerra, o algo. Sigan pasando de mi, yo encantado.
Esperamos la prosperidad que no vendrá. Como enamorado en el metro, una hora después de que ha pasado la acordada.
Todo funciona, versa la actitud. Todo funciona. El amor funciona, los empleos funcionan, las familias funcionan. Todo va bien.
La vida no falla. Tú fallas. Tu eres quien esta roto, tu eres la pieza que hay que cambiar.
No te necesitamos, muchas gracias.
Yo me retiro de su mundo. Me voy mas allá de la frontera de éste, declaro mi independencia, monto una guerra, o algo. Sigan pasando de mi, yo encantado.
miércoles, julio 19, 2006
Circulos de castigo.
Tenias que saber quien era. Tenias que saber.
Pero sobretodo, tenias que saber quien no era.
Para poder negarme. Darme la vuelta.
De la puerta de tu casa, no levantarme.
Pero no te lo dije, como quien esconde la maleta,
para no pagar peaje. Lo mantengo oculto.
El equipaje.
Esperanzas mal planchadas. Sabanas sin blanquear.
Frascos con píldoras de subterfugio.
Hombre y valija buscando un hogar.
Un cuerpo. Una cama. Un refugio.
Todo fue falso. Me lo invente. Habría de acabar.
Por guardar mis odios y miedos para el final.
Esconderlos a cambio de tu presencia.
A cambio de que me hicieras la vida,
un conato de complacencia.
Sin pensar que acabaría sin nada.
Como viejo sin jubilación.
Miserable, solo y entumido.
Por cobrar de joven su cuota de alegría.
Y envidiarla. Incluso odiarla. Con todo perdido.
Pero sobretodo, tenias que saber quien no era.
Para poder negarme. Darme la vuelta.
De la puerta de tu casa, no levantarme.
Pero no te lo dije, como quien esconde la maleta,
para no pagar peaje. Lo mantengo oculto.
El equipaje.
Esperanzas mal planchadas. Sabanas sin blanquear.
Frascos con píldoras de subterfugio.
Hombre y valija buscando un hogar.
Un cuerpo. Una cama. Un refugio.
Todo fue falso. Me lo invente. Habría de acabar.
Por guardar mis odios y miedos para el final.
Esconderlos a cambio de tu presencia.
A cambio de que me hicieras la vida,
un conato de complacencia.
Sin pensar que acabaría sin nada.
Como viejo sin jubilación.
Miserable, solo y entumido.
Por cobrar de joven su cuota de alegría.
Y envidiarla. Incluso odiarla. Con todo perdido.
martes, julio 18, 2006
lunes, julio 17, 2006
Diverik's pathless.
Como yo hay cientos. Miles.
Que caminan solos. Que ríen con nadie.
Que lloran solos. Que los demás creen que no lloran.
Que extrañan a mujeres únicas como tú.
Miles de mujeres únicas,
miles de mujeres inolvidables y
absolutamente más bellas que todas las demás.
Y me tuve que cruzar justamente contigo...
Habiendo miles cómo yo,
habiendo miles cómo tú.
Que caminan solos. Que ríen con nadie.
Que lloran solos. Que los demás creen que no lloran.
Que extrañan a mujeres únicas como tú.
Miles de mujeres únicas,
miles de mujeres inolvidables y
absolutamente más bellas que todas las demás.
Y me tuve que cruzar justamente contigo...
Habiendo miles cómo yo,
habiendo miles cómo tú.
viernes, julio 14, 2006
Percent.
Cuando se trata de enamoraros,
soy como el agente del banco,
que no da las mejores tasas de interés.
soy como el agente del banco,
que no da las mejores tasas de interés.
jueves, julio 13, 2006
¡Honestidad valiente!
En la lucha entre uno y el mundo, hay que estar de parte del mundo, decía nuestro profeta Kafka. Pero habemos los descarrilados, y mas allá de no ir en el carril de todos, les aventamos piedras por que creemos que van en el equivocado. Honestidad valiente, dicen los anuncios de la tv.
Que difícil es la fe. Que cara nos sale. Yo les insisto a las muchachas en que soy un hombre valiosísimo, pero no me hacen caso. "En serio lo soy, Noemí", "De verdad, Ana", pero no me creen. Me miran con si fuera yo un estúpido. Y se equivocan -digamos-, en cambio mi valor esta mas que comprobado -digamos-. La gente no me cree, pero yo siempre tengo razón. Si alcanzaran a pensar como yo, se darían cuenta.
A veces me miro en el espejo y siento miedo cuando me encuentro ciertos parecidos con López Obrador. No por que me estén saliendo canas, o inmensas bolsas en los ojos, sino por que yo también quiero ser un Mesías más allá de la duda y la prueba. Que si los observadores internacionales no vieron nada irregular, ¡pues se equivocan!; que si los representantes de su propio partido no vieron tampoco irregularidades, ¡pues se equivocan!; que si el IFE, la misma ONU, y la práctica totalidad de los reporteros de prensa no vieron nada raro tampoco, ¡pues se equivocan! Y además hasta acepta, sin ningún problema, que no tiene pruebas de muchas cosas, pero igual las señala. Él ganó porque sí. Por que él lo vale.
Yo como el. Que te va mal día si, día también, ¡pues ya cambiara!; que si estoy solo como la una, ¡pues ya cambiara!; que si las mujeres en vez de enamorarse se ríen de mi, ¡pues ya cambiara!
El mundo es un lugar extraño y hostil, amiguitos. Algunos, dificultados para idolatrar a Hilary Duff, tenemos que intentar ver en nosotros la heroicidad -la mayoría dicen "imbecilidad", pero, como pueden comprobar a lo largo de este texto, los demás que no son yo se equivocan irrefutablemente-. Aunque es verdad que todavía no encuentro la parte heroica de bajarme ilegalmente pornografía, o de robarme las uvas en la sección de frutas del supermercado. Pero, a falta de algún razonamiento, tal vez consiga a base de bombardeármelo creerlo. Y después de mi, al mundo, si señor.
Que difícil es la fe. Que cara nos sale. Yo les insisto a las muchachas en que soy un hombre valiosísimo, pero no me hacen caso. "En serio lo soy, Noemí", "De verdad, Ana", pero no me creen. Me miran con si fuera yo un estúpido. Y se equivocan -digamos-, en cambio mi valor esta mas que comprobado -digamos-. La gente no me cree, pero yo siempre tengo razón. Si alcanzaran a pensar como yo, se darían cuenta.
A veces me miro en el espejo y siento miedo cuando me encuentro ciertos parecidos con López Obrador. No por que me estén saliendo canas, o inmensas bolsas en los ojos, sino por que yo también quiero ser un Mesías más allá de la duda y la prueba. Que si los observadores internacionales no vieron nada irregular, ¡pues se equivocan!; que si los representantes de su propio partido no vieron tampoco irregularidades, ¡pues se equivocan!; que si el IFE, la misma ONU, y la práctica totalidad de los reporteros de prensa no vieron nada raro tampoco, ¡pues se equivocan! Y además hasta acepta, sin ningún problema, que no tiene pruebas de muchas cosas, pero igual las señala. Él ganó porque sí. Por que él lo vale.
Yo como el. Que te va mal día si, día también, ¡pues ya cambiara!; que si estoy solo como la una, ¡pues ya cambiara!; que si las mujeres en vez de enamorarse se ríen de mi, ¡pues ya cambiara!
El mundo es un lugar extraño y hostil, amiguitos. Algunos, dificultados para idolatrar a Hilary Duff, tenemos que intentar ver en nosotros la heroicidad -la mayoría dicen "imbecilidad", pero, como pueden comprobar a lo largo de este texto, los demás que no son yo se equivocan irrefutablemente-. Aunque es verdad que todavía no encuentro la parte heroica de bajarme ilegalmente pornografía, o de robarme las uvas en la sección de frutas del supermercado. Pero, a falta de algún razonamiento, tal vez consiga a base de bombardeármelo creerlo. Y después de mi, al mundo, si señor.
miércoles, julio 12, 2006
Ix la noxee vihienne.

Si cierro mi puerta, si apago mi luz;
no me queda nadie, si no estas ni tu.
Y miro de lejos venir, del otro extremo, de la habitación
la melodía de aquella canción:
Pon las estrellas, que se escurre el sol,
mira la luna en tu estación.
Invierno de penas, muñecos de goma pasados de alcohol.
Que alumbre, que alumbre, que brille el amor.
Nos mate la niña del pincel, montada en su cometa,
moldee acuarelas sobre nuestro trazo.
Éramos algo. Somos recuerdos sin meta.
Cielos de pintura arriba del lienzo,
tan pequeñitos como briznas de llanto.
Que brinque, que brinque, que vuele sin alas.
Se muere o lo matan, tus lagrimas blancas.
Si cierro los parpados, si abandono mis sueños;
olvido que existo y solo en ti quedo.
Si puedo tocarte, así, sin moverme,
si vengo de lejos y toco tu puerta;
desde la bruma de la ceguera,
surcando entre rocas de mejores momentos.
Y aunque no abras acaso te asomas
por la mirilla, o por la cerradura,
que no me despierten, y yo no vuelva nunca.
Que duerma, que duerma, en tu mirada.
Muera en el laberinto de tus cabellos,
y pierda todo lo que no tengo,
a cambio de cuentos bellos.
Si cierro la puerta, si apago la luz,
si arden cuantas vallas, si flota el azul.
martes, julio 11, 2006
(sin titulo)
He decidido morir un día de estos.
Las canciones en la radio son todas estafas,
no existen esos lugares.
No hay forma de caminar sobre el arcoiris,
lo nuestro no duro para siempre,
ni te recuerdo con pasión y ternura.
Y, en mi amargura,
he decidido morir un día de estos.
Quizás no llegue al jueves entrante.
Vayan preparando mi funeral,
señores del sistema de la felicidad,
tienen que decir lo suyo, para que nada salga mal:
"Ha sido un gran hombre, ejemplo para el personal".
Que mas da la verdad, si esta sobrevaluada,
más vale la posibilidad,
de ser una gran mentira,
que una pequeña realidad.
He decidido morir un día de estos.
Porque no encajo, porque quedo mal en su fotografía;
estoy descompuesto y no venden refacciones.
Como fonógrafo, que ya solo escupe unas pocas notas, por desafinado.
Desafinado con lo demás.
Como televisor, pasmado en una sola imagen.
Una imagen que no existe.
Las canciones en la radio son todas estafas,
no existen esos lugares.
No hay forma de caminar sobre el arcoiris,
lo nuestro no duro para siempre,
ni te recuerdo con pasión y ternura.
Y, en mi amargura,
he decidido morir un día de estos.
Quizás no llegue al jueves entrante.
Vayan preparando mi funeral,
señores del sistema de la felicidad,
tienen que decir lo suyo, para que nada salga mal:
"Ha sido un gran hombre, ejemplo para el personal".
Que mas da la verdad, si esta sobrevaluada,
más vale la posibilidad,
de ser una gran mentira,
que una pequeña realidad.
He decidido morir un día de estos.
Porque no encajo, porque quedo mal en su fotografía;
estoy descompuesto y no venden refacciones.
Como fonógrafo, que ya solo escupe unas pocas notas, por desafinado.
Desafinado con lo demás.
Como televisor, pasmado en una sola imagen.
Una imagen que no existe.
lunes, julio 10, 2006
Autonomia.
Siempre digo que otras personas me joden la vida, que otros me destruyen. La verdad es que me basto solo.
viernes, julio 07, 2006
Lnl-ss sdbg'we1- tt;qz.
Pero no critiquen
que no me mueva.
No me llamen vencido
por estar aquí, sentado.
Amor, siempre te he dado lo que has querido: mi ausencia.
que no me mueva.
No me llamen vencido
por estar aquí, sentado.
Amor, siempre te he dado lo que has querido: mi ausencia.
jueves, julio 06, 2006
Seiscientos minicuentos contentos (vii).
41. Yarah salio a comprarse una blusa pero la detuvo la policía por exhibicionista.
42. Cuando había pasado Jaime tres días sin dormir, pensó que ya era suficiente y se acostó para dormir largo y tendido. Enseguida sus secuestradores le echaron agua.
43. Iba a hacerse un examen óptico esa tarde, pero no vio aquel carro.
44. El sapo visito al viejo mago por que una bruja mala había vuelto a su novia rana una bella princesa, y había que remediarlo.
45. Kilwerburg estaba esa tarde tomando el sol. Se quemo sus enormes manos.
46. Forñze era señalado por las personas una y otra vez cuando andaba tranquilamente en la calle. Era el famoso hombre sin dedos índices.
47. Leptronia era una nación donde lo más importante eran los derechos. Los zurdos eran llevados a campos de concentración.
42. Cuando había pasado Jaime tres días sin dormir, pensó que ya era suficiente y se acostó para dormir largo y tendido. Enseguida sus secuestradores le echaron agua.
43. Iba a hacerse un examen óptico esa tarde, pero no vio aquel carro.
44. El sapo visito al viejo mago por que una bruja mala había vuelto a su novia rana una bella princesa, y había que remediarlo.
45. Kilwerburg estaba esa tarde tomando el sol. Se quemo sus enormes manos.
46. Forñze era señalado por las personas una y otra vez cuando andaba tranquilamente en la calle. Era el famoso hombre sin dedos índices.
47. Leptronia era una nación donde lo más importante eran los derechos. Los zurdos eran llevados a campos de concentración.
miércoles, julio 05, 2006
Manía no. 4.
Me gusta hacer enojar a la gente.
Me gusta por ejemplo, repetirle las palabras a los vendedores para que se desesperen.
-¿Tienen algo que no sea puerco, mesero?
-Tenemos pollo, puede ser asado o frito. Se lo servimos con ensalada, o arroz.
-¿Pollo?
-Si.
-¿Asado o frito?
-Si.
-¿Ensalada o arroz, verdad?
-Si...
Eso es particularmente divertido con las personas jóvenes, que son menos pacientes y en general mas irascibles. Y también tiene que ver el hecho de que, cuando me contestan sin desesperarse, e inclusive algunos hasta con la misma cortesía que al principio, me siento un poco frustrado. Es como cuando la muchacha de secundaria a la que dedicabas tus puñetas y poemas pastelosos te mando al diablo (sí, a mi me mando).
También es bonito meterle miedo a los niños -¿me parece bonito, que pasa?-. Crearles esas bonitas paranoias hacia la oscuridad, llena ella de monstruos miserables que chillan como pajarracos asechando, dispuestos a saltarles encima y morderles el estomago, para comerse sus tripas y dejarlos ahí lloriqueando con las tripas de fuera. Muahahaha. O decirles que sus padres se enojaran muchísimo por cualquier nadería que hagan sin querer, o hacerles creer que han descompuesto algo... bueno, bueno, lo dejo por que ahora si mis bellas y sensuales lectoras tienen niños jamás querrán conocerme. Y nadie tiene un blog si no es para conquistar corazones, no señor.
Sobre eso de meter miedo también los adultos son campo reglamentario para mi -salvo si me sacan demasiada estatura que me gusta vivir-. Me gusta mirar a las chicas en el metro directamente abriendo mucho los ojos, como si se los fuere a disparan como misiles. Pero cuando pongo los ojos así no parezco un Panzer IV, sino mas bien un psicópata, o mas bien un psicópata en acción, que psicópata siempre parezco. También hago cosas como pararme afuera de un cajero automático si veo que alguien esta sacando dinero, por que se mosquean; o preguntarle algo a la gente, como la hora o por alguna dirección, simulando un tic aberrante, como un temblor en la cabeza o entrecerrar un ojo.
En general acepto que disfruto del sufrimiento ajeno, de hacerlos pasar mal, o joderles el momento. Pero no como la gente me ha hecho sufrir a mi. O tal vez en venganza precisamente de ello -venganza vana e infantil, si, pero ¡déjenme!, ¡es mi vida!-.
Me gusta por ejemplo, repetirle las palabras a los vendedores para que se desesperen.
-¿Tienen algo que no sea puerco, mesero?
-Tenemos pollo, puede ser asado o frito. Se lo servimos con ensalada, o arroz.
-¿Pollo?
-Si.
-¿Asado o frito?
-Si.
-¿Ensalada o arroz, verdad?
-Si...
Eso es particularmente divertido con las personas jóvenes, que son menos pacientes y en general mas irascibles. Y también tiene que ver el hecho de que, cuando me contestan sin desesperarse, e inclusive algunos hasta con la misma cortesía que al principio, me siento un poco frustrado. Es como cuando la muchacha de secundaria a la que dedicabas tus puñetas y poemas pastelosos te mando al diablo (sí, a mi me mando).
También es bonito meterle miedo a los niños -¿me parece bonito, que pasa?-. Crearles esas bonitas paranoias hacia la oscuridad, llena ella de monstruos miserables que chillan como pajarracos asechando, dispuestos a saltarles encima y morderles el estomago, para comerse sus tripas y dejarlos ahí lloriqueando con las tripas de fuera. Muahahaha. O decirles que sus padres se enojaran muchísimo por cualquier nadería que hagan sin querer, o hacerles creer que han descompuesto algo... bueno, bueno, lo dejo por que ahora si mis bellas y sensuales lectoras tienen niños jamás querrán conocerme. Y nadie tiene un blog si no es para conquistar corazones, no señor.
Sobre eso de meter miedo también los adultos son campo reglamentario para mi -salvo si me sacan demasiada estatura que me gusta vivir-. Me gusta mirar a las chicas en el metro directamente abriendo mucho los ojos, como si se los fuere a disparan como misiles. Pero cuando pongo los ojos así no parezco un Panzer IV, sino mas bien un psicópata, o mas bien un psicópata en acción, que psicópata siempre parezco. También hago cosas como pararme afuera de un cajero automático si veo que alguien esta sacando dinero, por que se mosquean; o preguntarle algo a la gente, como la hora o por alguna dirección, simulando un tic aberrante, como un temblor en la cabeza o entrecerrar un ojo.
En general acepto que disfruto del sufrimiento ajeno, de hacerlos pasar mal, o joderles el momento. Pero no como la gente me ha hecho sufrir a mi. O tal vez en venganza precisamente de ello -venganza vana e infantil, si, pero ¡déjenme!, ¡es mi vida!-.
martes, julio 04, 2006
Circulos de carencia.
Laemir esta sentado en su silla de ruedas, fuera del metro Allende.
A diferencia de Allende, el no es un héroe. No da su nombre a avenidas, a salas de museos, ni a estaciones del metro. Nadie le ha hecho una estatua. Ni siquiera lo conocen. Ni siquiera lo ven.
Las personas pasan y pasan. El tiempo pasa y pasa. La tarde transcurre, se muere la luz, se va la vida, se pierden las ganas, y queda el retorcido placer de haber vuelto a sobrevivir a una existencia que, fuera de ella misma, no tiene ninguna trascendencia.
Laemir no tiene piernas.
Y su carencia le ha hecho perder todo. No tiene nada, más que su silla, su buhardilla mohosa y sus silencios nocturnos, deseando desaparecer.
Pero nadie entiende. Nadie entiende. Nadie entiende porque todos allá afuera tienen sus dos piernas. Corren, bailan, caminan de la mano, patinan, andan en bicicleta o inclusive se sientan como el, por que no comprenden lo que tienen. Por que tener algo siempre, equivale a ignorarlo, a pasar de ello, a omitirlo. "Así es", se dicen, o ni siquiera eso, ni siquiera eso por que pueden no haberlo siquiera notado.
Y tu, sin problema, con tu familia, con tus bonitas burbujas de canciones de amor y osos de felpa, con tus tenis de moda y tus conocidos que te sonríen por nada; tu, vienes y me preguntas que me pasa.
Pero no lo entenderías. Por obvio que sea. Por claro que se me vea.
A diferencia de Allende, el no es un héroe. No da su nombre a avenidas, a salas de museos, ni a estaciones del metro. Nadie le ha hecho una estatua. Ni siquiera lo conocen. Ni siquiera lo ven.
Las personas pasan y pasan. El tiempo pasa y pasa. La tarde transcurre, se muere la luz, se va la vida, se pierden las ganas, y queda el retorcido placer de haber vuelto a sobrevivir a una existencia que, fuera de ella misma, no tiene ninguna trascendencia.
Laemir no tiene piernas.
Y su carencia le ha hecho perder todo. No tiene nada, más que su silla, su buhardilla mohosa y sus silencios nocturnos, deseando desaparecer.
Pero nadie entiende. Nadie entiende. Nadie entiende porque todos allá afuera tienen sus dos piernas. Corren, bailan, caminan de la mano, patinan, andan en bicicleta o inclusive se sientan como el, por que no comprenden lo que tienen. Por que tener algo siempre, equivale a ignorarlo, a pasar de ello, a omitirlo. "Así es", se dicen, o ni siquiera eso, ni siquiera eso por que pueden no haberlo siquiera notado.
Y tu, sin problema, con tu familia, con tus bonitas burbujas de canciones de amor y osos de felpa, con tus tenis de moda y tus conocidos que te sonríen por nada; tu, vienes y me preguntas que me pasa.
Pero no lo entenderías. Por obvio que sea. Por claro que se me vea.
lunes, julio 03, 2006
Rosas de hotel.
Solo tenias que venir.
Solo tenias que pedir.
Yo te esperaba arrinconado. Aquí.
Meses y estaciones. Así.
Y no viniste.
El amor seguro no es para ti. Lo dejas.
Tampoco es para mi. Por lo contrario, justamente.
Yo te esperaba aquí. Tras mis rejas.
Hoy sigo aquí, tras ellas, atrapado en mi mismo;
desplegado en mi ocultación,
con mis dobleces hacia adentro,
y mi decadencia y cartas viejas.
Tras mis rejas.
Por que no puedo salir y que no quiero dejar pasar.
No fui todo y no soy nada.
Solo tenias que venir.
Para realizar grandes cosas. Y no viniste.
Y al cerrarte la puerta, me quede de mi lado.
"Me quedo a evocarlas", dije.
Y nunca volvió nadie a saber de mí.
Solo tenias que pedir.
Yo te esperaba arrinconado. Aquí.
Meses y estaciones. Así.
Y no viniste.
El amor seguro no es para ti. Lo dejas.
Tampoco es para mi. Por lo contrario, justamente.
Yo te esperaba aquí. Tras mis rejas.
Hoy sigo aquí, tras ellas, atrapado en mi mismo;
desplegado en mi ocultación,
con mis dobleces hacia adentro,
y mi decadencia y cartas viejas.
Tras mis rejas.
Por que no puedo salir y que no quiero dejar pasar.
No fui todo y no soy nada.
Solo tenias que venir.
Para realizar grandes cosas. Y no viniste.
Y al cerrarte la puerta, me quede de mi lado.
"Me quedo a evocarlas", dije.
Y nunca volvió nadie a saber de mí.
miércoles, mayo 31, 2006
Detras del espectaculo.
No funciono como conquistador, por que no puedo hablar bien de mi. Y no por falta de ganas, sino de motivos. Tampoco se me da bien eso de mentir, y no por que lo considere malo o infructuoso (hay que ver a los políticos que bien les va), sino por que mi experiencia con las actividades normales de una persona son limitadas, y si miento, mentiría con diálogos propios de aventuras increíbles, de amores invaluables y recuerdos tan bellos que solo podrían ser si fueran inventados. Tampoco funciono como persona cerrada, por que me gusta ser la estrella del show. No me sirve la alegría de los demás, ni me alegro por el resto. Yo quiero las cosas para mi. Soy egoísta y no me importa. Cuando escucho una buena canción, me entristezco por que no se me haya ocurrido a mi, cuando conozco a alguien inteligente, bello o creativo, le envidio y maldigo. No quiero ser parte de la obra, no quiero aprenderme diálogos para rodar una vida, no quiero ser un elemento del montaje. Quiero que el montaje sea parte mía. Quiero que todo sea accesorio y yo el dueño de los micrófonos y reflectores.
Pero soy como las estrellas de los programas de prensa rosa, o la lucha libre; por que a falta de talento, tengo que conseguir tu atención exhibiendo mi austeridad y miseria. Vendiendo mi ridículo. Comprando tus risas.
Pero soy como las estrellas de los programas de prensa rosa, o la lucha libre; por que a falta de talento, tengo que conseguir tu atención exhibiendo mi austeridad y miseria. Vendiendo mi ridículo. Comprando tus risas.
martes, mayo 30, 2006
Exa.
Me ha preguntado Frida sobre mi vida amorosa. Yo le dije que mejor habláramos sobre la Independencia de Gran Bretaña, pero resulta que tampoco hay tal.
Dice que si fuera menos imbécil me iría mejor. Bueno, no dijo eso, dijo que si fuera más tolerante y controlara mis actitudes de divo -que sea menos imbécil, vaya-, todo iría mejor.
Y tiene razón. Pero igual que tiene razón no tiene cabida eso que dice en mi realidad.
Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que, realmente, no quiero relacionarme con la gente que me considera un estúpido, y hablo de la abrumadora mayoría. Y tampoco me interesa demostrarles que no lo soy, no necesito gente prejuiciosa, ni amigos que me pregunten como estoy y cuando me vaya no se acuerden de mí.
En la vida amorosa es igual.
¿Si fuera más tolerante con que? Mi única exigencia para con una que me quiera -osease, prácticamente ninguna- es eso, que me quiera.
Pero el amor esta alienado. Yo no sabría explicar que es el amor, además que seria una enorme paja mental; pero tengo claro que el amor no es regalar flores, dedicarse canciones, o besarse. Es otra cosa, y esta en otra parte. Pero esta tan extendida la imagen de que eso es el amor, eso que sale en la tv y dicen las canciones de verano, que terminan por sentirse plenas las personas con tener esas minucias comúnmente vacías. Son actos tan repetidos, diálogos tan habituales, que todos lo hacen de forma automática, sin verdadero amor, sin sentirse dichosos de ello. Es como debe ser, y así lo hacen, como autómatas idiotas, como esclavos de los sueños que no son suyos, sino de personajes que solo funcionan en la ficción, y en la estúpida realidad que esa misma ficción nos ha heredado.
Y te aman, dicen, pero no eres más que un accesorio de un todo. Y te aman, dicen, pero no son capaces de darlo todo por ti. Y te aman, dicen, pero no les importas más allá de ser alguien de quien contar "¡oh, le amo!", para sentirse humanos completos, para sentirse capaces de amar.
El amor no es eso.
El amor, siéndolo todo, no es nada realmente. Es un sueño, una ilusión estúpida. Y no se por que, no se por que sigo creyendo que existe, que lo voy a encontrar; si la vida siempre me demuestra que no es verdad eso. Y es que no puedo trascender de ahí, y, no trasciendo no por que no pueda, sino por que no quiero. No quiero un amor como el que el mundo quiere, no me interesa la vida como dicen que es, no quiero esa supuesta felicidad que venden las revistas, no quiero ser protagonista de las canciones de amor de Exa.
El amor no es eso. No quiero ser tolerante, ni me conformo con eso. Si es eso, no me interesa.
Dice que si fuera menos imbécil me iría mejor. Bueno, no dijo eso, dijo que si fuera más tolerante y controlara mis actitudes de divo -que sea menos imbécil, vaya-, todo iría mejor.
Y tiene razón. Pero igual que tiene razón no tiene cabida eso que dice en mi realidad.
Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que, realmente, no quiero relacionarme con la gente que me considera un estúpido, y hablo de la abrumadora mayoría. Y tampoco me interesa demostrarles que no lo soy, no necesito gente prejuiciosa, ni amigos que me pregunten como estoy y cuando me vaya no se acuerden de mí.
En la vida amorosa es igual.
¿Si fuera más tolerante con que? Mi única exigencia para con una que me quiera -osease, prácticamente ninguna- es eso, que me quiera.
Pero el amor esta alienado. Yo no sabría explicar que es el amor, además que seria una enorme paja mental; pero tengo claro que el amor no es regalar flores, dedicarse canciones, o besarse. Es otra cosa, y esta en otra parte. Pero esta tan extendida la imagen de que eso es el amor, eso que sale en la tv y dicen las canciones de verano, que terminan por sentirse plenas las personas con tener esas minucias comúnmente vacías. Son actos tan repetidos, diálogos tan habituales, que todos lo hacen de forma automática, sin verdadero amor, sin sentirse dichosos de ello. Es como debe ser, y así lo hacen, como autómatas idiotas, como esclavos de los sueños que no son suyos, sino de personajes que solo funcionan en la ficción, y en la estúpida realidad que esa misma ficción nos ha heredado.
Y te aman, dicen, pero no eres más que un accesorio de un todo. Y te aman, dicen, pero no son capaces de darlo todo por ti. Y te aman, dicen, pero no les importas más allá de ser alguien de quien contar "¡oh, le amo!", para sentirse humanos completos, para sentirse capaces de amar.
El amor no es eso.
El amor, siéndolo todo, no es nada realmente. Es un sueño, una ilusión estúpida. Y no se por que, no se por que sigo creyendo que existe, que lo voy a encontrar; si la vida siempre me demuestra que no es verdad eso. Y es que no puedo trascender de ahí, y, no trasciendo no por que no pueda, sino por que no quiero. No quiero un amor como el que el mundo quiere, no me interesa la vida como dicen que es, no quiero esa supuesta felicidad que venden las revistas, no quiero ser protagonista de las canciones de amor de Exa.
El amor no es eso. No quiero ser tolerante, ni me conformo con eso. Si es eso, no me interesa.
miércoles, mayo 24, 2006
Llama.
El amor es una entrega total.
Si actuas con cautela, con mesura, no es total.
No es total, no es amor.
Si vas a amar a alguien, eso vas a hacer.
Si no, tu decides, pero no le llames amor.
Si actuas con cautela, con mesura, no es total.
No es total, no es amor.
Si vas a amar a alguien, eso vas a hacer.
Si no, tu decides, pero no le llames amor.
martes, mayo 23, 2006
I.
¿El amor que no lo da todo vale la pena?, ¿en el amor, como dice la canción de Venegas, hay que ir lento?, ¿es cara la vida en Dublín?, ¿hay que matar a los suegros católicos?
Esas y otras interesantes preguntas asaltaban la mente de José Roma, o a la versión abstracta de si mismo, aquella mañana mientras paseaba para despejar su mente de aves intrusas que le picoteaban la cabeza disfrazadas de preguntas.
Pero nunca hay tiempo...
Ningún tiempo.
Esas y otras interesantes preguntas asaltaban la mente de José Roma, o a la versión abstracta de si mismo, aquella mañana mientras paseaba para despejar su mente de aves intrusas que le picoteaban la cabeza disfrazadas de preguntas.
Pero nunca hay tiempo...
Ningún tiempo.
jueves, mayo 18, 2006
No be.
Estoy perdido no por que acepte mi perdición.
Estoy perdido para que, si me encuentras, sea por que realmente me has buscado.
Estoy perdido para que, si me encuentras, sea por que realmente me has buscado.
jueves, mayo 11, 2006
Brumosas multitudes.
El mundo esta hecho para la evasión. Música para evadirte, para hacer una catarsis de tu dolor. Letras para evadirte, para olvidar que eres tú, para querer creer que eres otro. Y todas esas cosas más, todo ese enorme muro de parafernalia que esconde tras de si el vació... Falla. Falla porque, siempre que creemos que nos protegemos del vació, miramos el muro aliviados, sin saber que cuando se erigió, nos quedaríamos del lado equivocado.
Dicen que no hay cosas que duren para siempre. Pero se equivocan.
El problema de las cosas que duran para siempre es que pertenecen al terreno de lo que no es. Un beso o una lágrima se van. Lo que es para siempre es la ausencia que les subsigue al morir, su añoranza, su recuerdo, y el vacío.
La vida es un chiste de humor negro. Es un señor enmascarado que toca a tu puerta para cobrarte cosas que no sabias deber. Las cosas que deberían durar para siempre se extinguen rápido, como agua en el desierto de nuestra soledad; y en cambio esa soledad, la falta de fortuna, la tristeza de perder, es lo que nos queda para siempre. Es el estigma de vivir que nos tiene aquí, esperando conseguir por una vez, algo propio, algo que no se pierda entre las brumosas multitudes ciegas de fantasmas que recorren las calles del tiempo perdido.
Dicen que no hay cosas que duren para siempre. Pero se equivocan.
El problema de las cosas que duran para siempre es que pertenecen al terreno de lo que no es. Un beso o una lágrima se van. Lo que es para siempre es la ausencia que les subsigue al morir, su añoranza, su recuerdo, y el vacío.
La vida es un chiste de humor negro. Es un señor enmascarado que toca a tu puerta para cobrarte cosas que no sabias deber. Las cosas que deberían durar para siempre se extinguen rápido, como agua en el desierto de nuestra soledad; y en cambio esa soledad, la falta de fortuna, la tristeza de perder, es lo que nos queda para siempre. Es el estigma de vivir que nos tiene aquí, esperando conseguir por una vez, algo propio, algo que no se pierda entre las brumosas multitudes ciegas de fantasmas que recorren las calles del tiempo perdido.

