Aquella mujer estaba sentada placidamente en su mecedora, pensando en quien sabe que cosas insustanciales, colocaba en su cabeza un aro de alambre.
-Esta corona -decía con aire solemne-, me reconoce, ante Dios, los elfos y los fariseos, como la Reina del Bosque Mágico -y, haciendo un gesto arrogante al estilo Tatcher, se levanto.
Una joven hermosa pasaba por ahí y viéndole, no pudo evitar sentir curiosidad por tan rimbombante figura, que, a lo lejos, dejaba ver en sus pies arreglos de corcholatas y una cuchara colgando de un hilo fino y noble desde su cuello.
-¿Que lleva usted en los pies? -pregunto trastabillando la joven.
-Refiérase a mi como Reina del Bosque Mágico -dijo la anciana sin siquiera mirar a la bella joven.
-Reina del Bosque Mágico -balbuceo con fastidio la joven-, ¿que lleva en los pies?
La anciana se alzo pocamente la falda y mostró, sonriente como una piraña, sus zapatos.
-Son mis polainas reales -dijo.
-Y... que hermoso dije trae colgando de su pecho Reina del Bosque Mágico -dijo la joven simulando en el aire las líneas de la cuchara, tratando de seguirle el juego a la anciana-, ¿que significa?
-¿Dije? -exclamo con extrañeza la vieja, chillando- ¡No es un dije!
-¿Es su escudo real Reina del Bosque Mágico? -pregunto la joven con interés.
-Es una cuchara -dijo la anciana-, si no la porto en el pecho, se me olvida, y no puedo comer mis lentejas. Ahora largare a tu casa Clara, ya me fastidie de esto de la Reina del Bosque Mágico.
*Idea original de Jacqueline G. S.