Nunca te pones a pensar en como has desperdiciado tu vida, porque no sabes que lo estas haciendo. Un día te miras al espejo, y descubres que eres una persona mediocre, encerrada en un trabajo mediocre, que hace cosas mediocres, piensa cosas mediocres, vive una vida mediocre, etc.
"No pienses así",
"eso no es cierto",
"depende de que así lo creas". Palabras de aliento.
Pero, como vas a creer en ello, si es la vida misma la que te ha enseñado su naturaleza. Al menos para ti. Es muy fácil decir que en la vida se puede ser feliz para alguien que, a diferencia tuya, le vaya bien.
Y tú estas parado ahí, frente a tu ventana, lloriqueando como imbécil.
Odias dormir, odias a la gente, odias al amor, odias tu cara, odias al tiempo, odias tu trabajo, odias tu mundo y odias cada día que tienes que levantarte para descubrir (porque no pierdes la fe), que no hay nada en tu vida que merezca estar ahí otra vez; frente a esa ventana, viendo con tu expresión de autista, como el mundo se las arregla maravillosamente sin ti.
Ella, te dice que se pierde de mucho si no te ve, y no entiendes
¿por qué no esta aquí entonces?,
¿por qué esta con ese otro que la trata como una idiota? Y enseguida reflejas tus palabras, te sabes tratado como idiota también. Te muerdes la boca, juegas con los dedos en los bolsillos vacíos, castañetean las lagrimas en tus ojos, los mantienes bien abiertos para que ellas no se escapen y al final, te embate el mismo saborcillo en la boca.
Tienes una llaga por cada una de las veces que tus sueños se estrellaron contra el tiempo, y ríes, con desesperación, porque sabes que los sueños se agotan, los besos se olvidan y las palabras, todas, se pierden entre oídos a los que nunca les importo mucho lo que tuvieses que decir. Tienes tantas llagas, tantos sueños muertos. Te tragas la carroña de todos ellos, tienes que comer, entre la porquería de saber, que tus esperanzas, son solo un racimo de cosas que al mundo no le importan, y que no puedes elevarte de tu propio edema de marginación. Te embate el mismo saborcillo en la boca. Perder. Y lloras.
Usas tus dientes para rechinarlos, e invocar al coraje que no puedes morder.
Golpeas el borde de la ventana, quieres gritar, quieres correr.
Estas preso en un mundo en el que nadie te puso, y del que nadie te sacara tambien.
Piensas en ella, piensas en ella. Piensas en el, también. En el tiempo, que te atrapo en un momento del que no puedes escapar; te envió al rechazo, a la destructiva búsqueda de encontrar, una razón para creer, que todo va a cambiar. Y cada vez que tomas una llave, hay un clavo enterrado en la chapa de la salida.
Tú no elegiste vivir. Tú no elegiste sentirte así. Tú sabes que no todo es voluntad.
Cada sonrisa en tu rostro te la arrancan con dos ganchos que jalan de tus mejillas hacia el suelo, y te detienen en el. Cada sonrisa en tu rostro, es una herida más que tienes que afrontar, con la misma fe, la misma cara, la misma convicción en algo que no crees, que no sabrías cambiar.
Miras por la ventana y sabes, que el mundo no te necesita ni te extraña de nada.
Y tu quisieras, tu soñarías poder de el tampoco necesitar, e irte ya.