Estoy completamente convencido de que no me va bien por mi culpa.
No soy una persona que carezca particularmente de oportunidades, respecto al resto de las personas, de lo que carezco es capacidad para aprovecharlas. Rechazando un trabajo en provincia mejor remunerado (y que me servia para escapar de esta ciudad, además), sin sexo con Lupita cuando se quedo en Semana Santa (en ese momento no lo desee, pero viendo la circunstancia de lejos...), abandonando los estudios cuando me becaron...
Recuerdo una vez, en el trabajo, una chica preciosa (y buena, snif, snif), que vendía gelatinas de negocio en negocio, tras varios días regalándome gelatinas, me invito a su casa, y yo, como el buen imbécil que soy, dije, sin ningún reparo:
-No, saliendo del trabajo estoy cansado, pero gracias.
-Anda -insistió ella-, ven.
-No, no -y no suficiente con negarme, hice un chiste imbécil-, mi mama me ha dicho que no salga con mujeres extrañas.
Bueno, y luego de algunas insistencias semejantes y respuestas imbéciles igualmente semejantes, me mando a volar. Como era de esperarse.
Fabi, que era mi compañero de trabajo cuando eso ocurrió, no se canso todo el día de decirme que era un tonto. Y tenía razón. Yo no sabia como explicarle -y explicarme- mi comportamiento.
A veces tengo una especie de
miedo a que las cosas salgan como quiero -es un complejo estúpido, pero no podría esperar otra naturaleza en el siendo mío-. Yo mismo antes de ese día me había imaginado escenas eróticas con la chica de las gelatinas, si, si, ella montada en mí cual sílfide cabalgando el viento cargado de sulfurosa pasión y sus tet... bueno, me estoy perdiendo. El asunto es que después, cuando tengo la oportunidad de ir a su casa, y conocerle, y sin que tan siquiera yo la hubiera provocado, lo único que se me ocurre hacer es mandar la ocasión al caño, con mi solariega y siempre capaz mediocridad como ser social.
Por ello, he llegado a plantearme seriamente ir a alguna institución gubernamental para pedir asistencia y exigir apoyo. Que me den dinero, amor o algo que no sea portazos. No es que pertenezca a algún grupo incapacitado o minoritario, no, yo defino todo un grupo incapacitado, y mi incapacidad es tan especial, que es posible que sea el único afectado (en cuyo caso saltaría a la fama, con algo como "síndrome de Geffus", "geffusitis", etc), y merezco un poco de comprensión y cariño, como los perritos de la calle, que son estúpidos sin querer. Además, me tengo bien entrenada la cara de pena y renunciación, como ellos (pero igual que ellos, haciendola, habitualmente solo recibío puntapies).
Ahora que lo pienso también, al día de hoy, solo a una de las novias de mi vida he sido yo quien le ha pedido el noviazgo. Que valor. Que hombre.