miércoles, agosto 23, 2006

Circulos de incapacidad.

Nunca pensé que, además de destruir mi pasado, mis viejas relaciones fueran a dar al traste también con mi presente. Y además me lo he ganado, por incapaz. Christine cree que todavía estoy enamorado de mis viejos amores. Y lo cree por mis palabras, no por invenciones suyas. Quisiera poder culpar a alguien, pero cada que levanto el dedo señalador, ya tengo a una horda de duendes de la conciencia con miles de espejos con los que mostrarme que el estúpido de esta historia, cómo de todas las demás, soy yo. He dicho cosas cómo que "llevo la lapida de una exnovia perfecta" o que "vivo atrapado en un sueño que ya no será".
Me lo ha hecho ver y lo he negado ipsofacto. No la quiero perder por una tercera persona que, además, ni siquiera existe ya en mi plano real. Dice Christine que no es la "única", "especial", "primera". Quizá no se lo haya hecho sentir, no se. Todas en su momento fueron las únicas, las especiales, las primeras o el adjetivo que ella prefiera (pero siempre prefiere adjetivos cómo "estúpidas" o "malditas", y otros semejantes para mi).
En un ejercicio de sinceridad, me lo he preguntado a la sombra de ella. Me he preguntado si sigo anclado ahí, donde siempre había estado. Claro que en su tiempo por cualquier mujer hubiera dado mi vida. Las consideraba perfectas. Aun después de que me dejaran, las seguí considerando así mucho tiempo. Era yo el defectuoso. Ahora sin embargo me doy cuenta que ellas nunca me ofrecieron quizá lo único que yo pedía; crédito.
La primera me mando a la mierda por razones que ni ahondare, pero simplemente ella no se quería involucrar ya en mis problemas "porque le afectaban". Otra me mando a la mierda por insuficiente, porque no era yo el que ella pensó que seria. Una tercera me dejo porque me deprimí. En resumen, mi vida amorosa se puede abreviar en "no eres tu". No soy yo. Nunca fui yo. Nunca seré yo.
Eso me ha hecho polvo. Mucho. Negarlo es negarme, es ser ciego a las evidentes llagas que llevo en lo poco que queda de mí. Y Christine las ve. Y Christine, si me acaricia, las sentiría también. Llevo la leyenda "No será" pegada a la piel. Siempre pierdo en la novena entrada. Pero nunca llega el siguiente partido, ése que ganaré.
Pero el tiempo te lleva por derroteros de desengaño. Guantazos de verdad. Sus vidas son perfectas sin mí. Y honestamente yo no pienso ya. De menos no con añoranza. Me entristecen las oportunidades perdidas, suspiro por ellas. Son vidas que no viví, finalmente. Pero no aspiro ya a vivirlas. Ni siquiera me interesa ya indagar las circunstancias que llevaron a que fueran estas impedidas.
De hecho pasa el fenómeno contrario, son ellas las que me han buscado para darme razones, razones que no me interesan, aunque supongo que ellas necesitan darlas para hacer catarsis de su culpa. Cómo yo mis palabras estupidas.
Pero si la cagas, lo justo es que pagues.
Y es que además soy mala persona, y disfruto su dolor, o su arrepentimiento. Lo disfruto mucho. Quiero que se jodan. El día que una me hablo llorando diciéndome "a todos los comparo contigo", me regodee en alegría vil, en mi placer mezquino y le conteste "pues yo no quiero hablar, adiós". Creo que tras colgar me fui silbando esa canción, en el país de donde las dan las toman...
Que se chinguen. Ya se que son sentimientos de un hijoputa. Pero a estas alturas de mi vida no es que me preocupe demasiado lo que ellas en particular opinen de mí.
Lo que opine Chistine sí.
Y, yo no sabría mentirle. Y no por falta de ganas. No puedo porque todo aquello que con invenciones quisiera ocultar o crear, es demasiado evidente su estigma o su carencia. No puedo, por ejemplo, decir que puedo ofrecerle riquezas si luego uso la misma chaqueta seis de los siete días de mi semana. Tampoco puedo decir que le daré tranquilidad y seguridad, si luego soy una persona obsesa y depresiva, si lloro porque me siento solo, o porque llueve. No le diría que será feliz conmigo, porque eso he querido poder ofrecer siempre, pero hasta hoy no lo he logrado provocar...
Ni siquiera sé cómo decirle nada, y no quedar cómo el imbécil ese que señalan los duendes de mi conciencia con sus espejos. Esos putos duendes...
Y una vez más, lo único que pido es credo. Que crea en mí. Pero es difícil. Yo tengo las manos vacías. Yo no soy nadie ni tengo nada. Estoy lleno de mis traumas. Mis pinches problemas con el mundo. Hundido en mi coraje y mi resentimiento contra una vida que yo no escogí. Que no amo cómo puedo amarle a ella.
La verdad es que yo tampoco creería en mí. No creo, de hecho. Cómo pedirle nada.